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El Fenómeno de la violencia aquí

Ramón Antonio Veras (Negro) | ACTUALIZADO 09.05.2014 - 9:25 pm

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 SANTIAGO.-El concepto  fenómeno  no tiene igual  origen y contenido; los naturales tienen su origen en la naturaleza, los sociales, en el seno de la sociedad humana.
   
Hay fenómenos de la naturaleza que no se pueden predecir; resulta imposible, hasta ahora, vaticinar la ocurrencia  de un terremoto. Un  fenómeno social  sí se  puede prevenir; tal es el caso de  los que resultan  de la descomposición  social,  como la prostitución,  la corrupción,  la migración,   y otros.
  
 He expuesto las ideas anteriores para precisar que la violencia es un fenómeno social propio de sociedades humanas donde prima la desigualdad, la injusticia, la miseria, en fin, la  opresión social en sus distintas manifestaciones.
  
 En nuestro país, la forma violenta como se comportan diferentes clases y capas sociales es el resultado de la insatisfacción social, su indignación por el estado insoportable de vida material y espiritual  que  las condena el sistema. 
  
 No puede reaccionar igual  un ser humano que disfruta de todo a pedir de boca, que aquel que no tiene a su alcance ni lo indispensable para subsistir dignamente.
   
No es lo mismo  la forma de  vida  de los grupos que viven  saciados y complacidos, que la de las grandes masas de hambrientos y  marginados.
  
 Las rígidas estructuras del sistema social que impera aquí traen consigo alegría, gozo y tranquilidad  para unos pocos, pero aflicción, sufrimiento y desconsuelo para  aquellos que  son los más, el pueblo.
  
 La violencia que hoy  exhibe   el medio social dominicano  es un fenómeno  inherente a sociedades injustas; y  para que desaparezca la violencia deben desaparecer las causas que la motivan.

LA CRIMINALIDAD (II)

La criminalidad, las drogas ilegales  y la corrupción están vigentes   en nuestro medio social porque el sistema que padecemos es propicio para que surjan esos vicios sociales.
Las lacras que se desarrollan en el  país no son obra de la providencia, mandato divino, etéreo o sobrehumano; su caldo de cultivo está aquí,  es terrenal, es cuestión  del sistema que, por sus contradicciones internas,  es propicio a generar crimen, drogadicción, depravación, descarrío y perversión en toda la línea.
  
 Un orden social injusto no impulsa virtudes, honestidad o moderación, sino enviciados, tachados sociales, desenfrenados y resabiosos. Las acciones despreciables han  de estar a la orden del día en sociedades  en las cuales se acepta como normal la injusticia, la arbitrariedad y la depravación.
  
 El crimen, el sicariato, el tráfico de estupefaciente, los secuestros y otros hechos criminales están presentes en el país porque el sistema bajo el cual estamos viviendo resulta adecuado a su existencia.
   
No bastan programas, represión y disposiciones legales para eliminar la criminalidad; se requieren medidas de fondo, no de forma. Los fenómenos nocivos   en la sociedad dominicana son sistémicos,  no coyunturales ni mucho menos hijos de las circunstancias.
  
 Tráfico de estupefacientes, corrupción, sicariato, secuestros, asaltos, asociación de malhechores, en fin, todas estas acciones delincuenciales se desarrollan en la medida que se deteriora y se hace más infuncional el     modelo económico decadente vigente en el país.
   
Si cambian las condiciones de vida materiales y espirituales de lo que en verdad se llama pueblo dominicano,  de seguro  se modifica el comportamiento delincuencial  de muchos  de nuestros  conciudadanos. La desigualdad genera descontento, la pobreza indignación   y la miseria  delitos  desbordados.
   
La  criminalidad en nuestro país está en firme,  y lo  peor es que todavía no ha tocado fondo; falta lo peor. El tiempo dirá.





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