Este proceso decepcionante claro que involucra el desboscaje, la disminución alarmante de los residuos boscosos que aún nos restan, a menos de ocho mm de tareas de 16 mm que eran al rayar el fatídico año de 1930, inicio de la tiranía del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo que se prolongó por 31 años y siete meses.
Durante esa era trágica y a la referente de organizar al moderno Estado dominicano y sus sillares industriales, el generalísimo Trujillo concedió en usufructo de explotación inmensas áreas de bosques a Anselmo Santelises (Pilo), José Delio Guzmán, Alfonso Mera, José Luperón Flores y Antonio de la Maza en Restauración.
Ninguno sembró un solo pino de los millones que derribaron y aprovecharon para su usufructo personal ni tampoco El Jefe le exigió restaurar la barbarie.
Ya en 1924, el jurista Juan Bautista Pérez Rancier y el doctor Miguel Canela Lázaro, exploraron la cordillera Central y el nacimiento del entonces caudaloso río Yaque del Norte, el más extenso del Caribe, hoy devenido en una cloaca pestilente que empieza a ser agredido por Jarabacoa y sufre la catástrofe del final de sus aguas puras y extinción de la vida ictícola al cruzar por Santiago de los Caballeros, agredido por industrias que vierten en su lecho podrido sustancias químicas a altas temperatura é infinidad de cañadas nauseabundas y letales.
En cada gran temporada de lluvias es cierto que su lecho se limpia, pero vuelve la noria del suplicio contaminador apenas cesan los aguaceros y temporales.
Recomendaron al presidente Horacio Vásquez reducir la presión demográfica en la cordillera Central como vía expedita para detener el conuquísmo nómada y sus terribles secuelas en destruir al bosque y las cabezadas de las aguadas.
En los años 90ta. de la anterior centuria, no muy lejos, el presidente Joaquín Balaguer amagó mediante el entonces director Forestal, coronel EN Pedro de Jesús Candelier, con cristalizar las aguas del “Yaque dormilón” que cantara el bardo puertoplateño Juan Lockward, Mago de la Media Voz, y el jefe militar me encaramó en un Huey-Douglas, sobrevolando por el curso del Yaque por Santiago, y percibí, cierto, la claridad de su lecho.
Pero como todo lo que se inicia bien en nuestro país concluye mal, ese proyecto se estancó hasta hoy, y ningún gobernante ha asumido la responsabilidad de rescatar Yaque del Norte, Yaque del Sur, Nizao, Yuna, Camú, Iguamo, Sanate y todos los afluentes donde una vez discurrieron las biajacas, sagos, anguillas, hicoteas, hoy desaparecidas, porque los químicos y multitud de contaminantes eliminaron el plancton, alimentos de los peces, sobre todo de agua dulce, y la vida ictícola desapareció.
Hoy el país dispone de un ministro de Medio Ambiente decididamente regenerador del entorno, de los afluentes, de las magras reservas que nos quedan, asistidos por un equipo idóneo, altamente profesional, incluido al ingeniero forestal Eleuterio Martínez.
Crea semilleros, reparte arbolitos, los siembras en diferentes áreas, organiza seminarios, ponencias, cursos, ilustra, concientiza, que es la forma correcta de diseminar el saber y la responsabilidad ciudadana, lleva a los escolares a sembrar y los edifica del valor de lo que representa el bosque y lo que hacen.
También hay fecundación en su gestión de entidades privadas como Alejandro Grullón Espaillat, el papá de la banca dominicana, auspiciador del Plan Sierra en los meandros de San José de las Matas que tantos resultados ha logrado.
Don Enrique Armenteros con la fundación Progressio y el bosque de ébano verde, una madera preciosa de verdad en proceso de extinción, en Arroyo Frío, Constanza.
El ébano negro prolifera en Los Haitises, pero no presenta la belleza y contextura del verde.
El fenecido Alfonso Moreno Martínez nos legó para la posteridad no solo a helados Bon, sino la Fundación Quita Espuela, en su natal San Francisco de Macorís, un ejemplo grandioso de restauración y conservación forestal que hospeda a centenares de especies vegetales, aves y anfibios.
Melba Segura de Grullón es un ejemplo laudable de una dama que por tenerlo todo, ha realizado una gestión, no ha necesitado de realizar la gestión social encumbrada presidiendo Sur Futuro, y es fundadora de proyectos medioambientales de renombre en el empobrecido Sur Profundo.
Rosa Margarita Bonetti de Santana, Pirigua, propicia la regeneración medioambiental en Propa-Gas, y Manuel Arsenio Ureña en ADEMI, el ingeniero Manuel Estrella presidiendo la Fundación Vedado de Diego de Ocampo, el dios Jano de la cordillera Septentrional, como lo bautizara para la eternidad el doctor José de Jesús Jiménez Almonte, el botánico más eminente que ha producido el país y el científico más completo, padre espiritual y afectivo del suscrito, y cuyo picacho tendrá que llamarse con su nombre porque él fue que auspicio con el ayuntamiento de Santiago a final de 1961 que lo declarara Vedado.
El desaparecido capitán inolvidable de empresas Eduardo León Asensio propició que Félix Servio Doucoudray escribiera cinco tomos alusivos a todos los vericuetos de nuestra geografía medioambiental, valiosísimos.
En estos días también VICINI se ha incorporado a estos menesteres altruistas, auspiciando un volúmen extraordinario alusivo al medioambiente que redactaron José Manuel Mateo Félix y Adolfo López Belando, ingeniero agrónomo el primero, licenciado en geografía é historia de la Complutense de Madrid.
Un texto volumétrico sin desperdicio donde abrevar la totalidad de nuestro panorama medioambiental, que dedican a la sociedad dominicana Felipe Vicini Lluberes y Amelia Vicini, con profusión de fotos y descripciones en sus 768 páginas deleitables.
Son nueve referencias que convidan a reflexionar que no todo está perdido en la asignatura del medioambiente, que asoma una actitud que apunta a regenerar el entorno en que vivimos y restaurar la lozanía y el caudal de nuestros afluentes hoy agotados y polucionados.
Cierto que el presidente Balaguer asumió un gesto de gran valor para intentar por lo menos detener la devastación forestal que arreció cuando los controles del poder fueron desbordados, ¡ay, parece que hasta hoy! por aquella turbamulta incivil y rastrera que empezó a depredarlo todo cuando el generalísimo Trujillo cayó abatido en un charco de sangre por los que fueron sus amigos y protegidos.
El presidente Balaguer asumió esa acción de protección al bosque en 1967, al año de escalar el solio presidencial por primera vez en la etapa democrática, pero no avanzó, se frisó, y no apoyó la recomendación que él mismo solicitó a la Organización de Estados Americanos (OEA), y que rindió el ingeniero forestal Humberto Tasaico, peruano, que realizó el estudio, de que se bajaran a los llanos y se asentaran en proyectos agrarios del Estado a los campesinos nómadas que diezmaban por el conuquísmo fatal, las aguadas donde nace el sistema hídrico del país.
El ingeniero civil Salvador Ramírez glosó en una memorable obra de 238 páginas y 15 capítulos, el conjunto de iniciativas del gobernante a favor de la restauración forestal, que al final todas resultaron inviables y truncas.
El manejo de cuencas hidrográficas para la cual asesoró al presidente Balaguer la organización de las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación (FAO), resultó en un fiasco, porque no se aplicó nunca.
Este cúmulo de experiencias conducen a concluir en que ningún gobierno se ha empeñado a fondo en restaurar nuestro deteriorado medioambiente como si fuese un empeño personal y partidario para ganar el poder, porque restaurar el medioambiente y el bosque no produce votos. Gravísimo error.
El medioambiente es como una extensión de la casa donde vivimos, que muy pocos desparraman detritus en su interior y tratan de mantenerlo aseado, y los sistemas orográficos, y somos un país en un 80% con esa condición, son donde nacen los sistema hídricos de todos los países, son colchones de agua que a través de los árboles filtran la lluvia y la hojarasca va goteando hasta formar arroyuelos, luego ríos, que nutren acueductos y fincas agropecuarias e hidroeléctrica.
Es menester, impostergable, forjar una conciencia ciudadana en esa vertiente, a través de los departamentos idóneos no solo de medioambiente para preservar el entorno, sino para educar a la ciudadanía a asearse, nutrirse con alimentos restauradores de la energía, comportarse ante el prójimo, y para esos propósitos el Estado dispone de una televisora que no hace nadita en edificar a la población en relación a su manera más correcta de convivir en sociedad.
Una propuesta plausible a las nueve instituciones que propician la restauración del medioambiente comenzando por sus afluentes otrora orondos consiste en que todos a uno, se dispongan a restaurar un año un río, que podría ser Yaque del Norte, luego Yaque del Sur, después, Nizao y así sucesivamente, y esa inversión el Estado descontarle un 40% del ITEBIS.
Voluntad política y voluntad privada en un proyecto de envergadura nacional en beneficio de todos, ciudadanía y empresarios, y aunque no lo crea, al gobierno que fuese, también.
Porque el peor pleito es el que no se echa, la diligencia es la madre de la buena ventura y barco parado no gana flete.
El proyecto de todos unidos será el beneficio de todos por igual. La propuesta está echa. Solo pierden los que no se atreven.
“Lo imposible solo está en el diccionario de los mediocres”, sentenció El Gran Corso.
“Nadie puede impedirte hacer la prueba”, escribió para la posteridad a los pusilánimes el escritor norteamericano Damon Runyon.
“Alea, jacta Est”, musitó César cuando decidió vadear al Rubicón para derrotar a Germánico y conquistar las Galias.
