Pero este caso en particular, abre un punto de análisis aparte. Esta fuera de ser un simple hecho de violencia o de delincuencia común. Es un hecho que si esta sociedad no fuera lo indolente en que se ha convertido nos llevaría a la reflexión profunda. Este hecho nos enrostra que como sociedad tocamos fondo, pero con una profundidad infinita.
El hecho al cual me refiero es el caso del asesinato de la profesora Lenny Féliz Féliz, quien era directora de una escuela rural en la provincia de Barahona.
¿Una muerte más de las ciento y tanto que van en este año a mujeres? No, no es sólo una muerte más, lectores y lectoras. Si le prestamos la debida atención este asesinato nos dice lo mal que estamos. Nos señala el abismo infinito en que hemos caído porque los presuntos acusados son tres profesores de distintos planteles escolares, según el informe de la Policía Nacional.
Así como se lee: profesores y directores de escuelas, secuestraron a su compañera después de haber salido de una reunión y a golpes contusos con un martillo la asesinaron. Nada más y nada menos que por celos profesionales.
La profesora Féliz además de ser directora de escuela rural desempeñaba el cargo de vice directora de la Junta Municipal de Bahoruco. Había ganado un concurso para desempeñar sus funciones y recibía incentivos económicos y por eso, simplemente por eso, según las investigaciones registradas hasta el momento, sus compañeros por celos profesionales, por la envidia que los calcomio como un cáncer maligno, decidieron quitarle la vida, quitar del medio a su compañera de labores.
Es para erizarse los pelos. Válgame Dios, en qué selva estamos viviendo. ¡Profesores!, los encargados de formar la juventud. Los supuestos transmisores de valores positivos en la sociedad. Los forjadores de inteligencia y despertadores de conciencia.
Es inconcebible, impactante este caso que pasó y pasa desapercibida, sin la debida y adecuada atención en la sociedad dominicana.
¿Tendremos que tirar la toalla en esta selva del Caribe, denominada República Dominicana. Seguir viviendo haciéndonos de la vista gorda, como el sinverguenza en el to' e' to y na' e' na”?.
Sálvense quien pueda. Sencillamente escalofriante.
La autora es Abogada y docente universitaria.
