En la antigua Grecia filósofos como platón la concebían para moldear las virtudes y promover los valores ciudadanos, en la etapa medieval sirve para adoctrinar e inculcar un currículo acorde con los principios monacales de la época; en el renacimiento europeo, desde una perspectiva humanista se apuesta a una formación educativa centrada en el ser humano de frente a los principios teologales que habían exhibido hegemonía en el Medioevo.
El hombre renacentista se caracterizará por lo curioso, lo crítico, lo indagador y el espíritu de aventura. Se inicia una coyuntura que propicia el pensamiento lógico y razonado.
En este marco se montará la modernidad, el denominado proyecto inacabado, que anuncio la redención del ser humano, la libertad y la igualdad. El razonamiento era especie de rasero para explicar la sociedad, la naturaleza, la religión y las desigualdades entre los pueblos. Rousseau, Herbart, Comenius, Pestalozzi, Motesori; aunque de momentos diferentes, entran en la misma etapa.
Estos pedagogos apuestan a la educación del individuo e incluso a la popularización de este servicio, el cual, había tenido un contenido elitista y excluyente. Después de estos autores se producen, lo que denominaremos olas pedagógicas: entre las que están La Escuela Nueva que busca renovar el sistema educativo en Europa y Estados Unidos, también variar las relaciones de poder que se producen en los entornos de aprendizaje.
La escuela nueva será sucedida por el conductismo pedagógico, esta es una ola psico-pedagógica que plantea el aprendizaje como producto de las influencias del medio en las conductas de los individuos. Se aborda el aprendizaje desde el cambio conductual. Se apela al refuerzo positivo o negativo para premiar o castigar.
Desde esta perspectiva se educa al sujeto bajo una orientación mecánica, repetitiva y autoritaria. Watson, Paulov y Skinner son los principales representantes d esta ola.
En el marco de la crisis que exhibían los sistemas educativos en los años sesenta del siglo XX surge la ola de la descolorización, esta se tilda de raíces anarquistas ya que defiende el aprendizaje para la vida se puede construir en escenarios diversos, más allá de las aulas. Estos planteamientos no encontraron mucha cabida en los foros pedagógicos. En la segunda mitad del siglo XX se desarrolla la ola constructivista, considerada la más innovadora y pertinente para promover el aprendizaje.
Esta corriente psicopedagógica procura crear condiciones para que el individuo desarrolle destrezas motrices, afectivas y conceptuales que le permitan construir conocimientos significativos. Esta corriente profundiza en criterios éticos, epistemológicos y holísticos en la educación del individuo, también al constructivismo se le etiquetan profundas raíces humanistas. Pensadores como Piaget, Vigostky y Kohlberg son de sus principales exponentes. Desde esta perspectiva se atribuye a formar la autonomía moral en los individuos y a educar para la democracia.
Un tanto paralela con la teoría constructivista se desarrolla la teoría crítica o paradigma de la impugnación. Desde este marco se procura promover un sujeto con una conciencia crítica, con discernimiento, criterio y autonomía para pensar y obrar. Este enfoque tiene un contenido contestatario y de forjar un sujeto capaz de crear alternativas al status Quo imperante. Entre los principales autores de esta corriente se encuentran Paulo Freire, Peter McLaren, Henry Giroux y Stephen Kemmis. El enfoque crítico apuesta a la problematización del proceso educativo, a la creación de entornos de aprendizajes que propicien la emancipación del individuo. Desde esta perspectiva más que una visión instrumental de la educación se observa en ella una herramienta de liberación.
Desde el entorno globalizante y neoliberal se observa a la escuela como una empresa, que debe propender a la calidad, la eficiencia y la eficacia.
El Estado no debe intervenir, no regulación de los servicios. Esto debe quedar bajo libre juego de la oferta y la demanda. También desde la globalización se busca la interculturalidad y el respeto por la diversidad.
En el siglo XXI se ha asumido el discurso de las competencias, de aquellas habilidades motrices, cognoscitivas y afectivas que permiten a los sujetos operar frente a las coyunturas de la vida diaria y disponer de las herramientas de orden cognitivo, practico y metodológico que facilitan la convivencia en el mundo contemporáneo.
El autor es doctor en educación.
