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El impacto político de los sobornos y otras cuestiones

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel

Aquiles Olivo Morel | ACTUALIZADO 18.06.2017 - 10:19 pm

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El mundo político de la República Dominica fue sacudido por las medidas de coerción impuestas por el Juez Francisco Ortega, a todos los imputados en los escándalos de sobornos. Estos hechos, en particular afectan a los  partidos políticos, los cuales aún no reaccionan a este hecho de manera apropiada. Se limitan a las viejas prácticas de presentarse para dar declaraciones aisladas de un profundo problema interno del que adolecen todos por igual: El abandono del ejercicio democrático, para dar paso a una especie de secuestro de su accionar político; exclusión y manejo atomizado de los grupos internos que lograron imponerse en la permanente lucha grupal a la que están sometido permanente y a lo que la junta a denominado “caos partidario”.
   
La verdad a ser dicha! Históricamente los elementos ideológicos que sirvieron de base de sustentación a las organizaciones partidarias fueron sustituidos por un pragmatismo totalmente basado en la subsistencia de las organizaciones. La visión de conjunto se dejó a un lado para dar paso a una ejecución de la visión de unos cuantos sujetos, en ocasiones con fuertes lazos familiares y a quienes le resultaba muy cuesta arriba compartir la dirección y responsabilidad del trabajo político con otros ajenos a esos intereses.    

Esta visión, no solo se limita a los partidos grandes, sino que se trasladó o anido de igual manera en los pequeños.
   
Durante todos estos años la confrontación interna por el control de las organizaciones políticas degenero en una ruptura entre quienes controlaban los diferentes órganos de dirección y quienes auspiciaban los cambios y readecuación de la organización para dar paso a las nuevas figuras emergentes; surgieron nuevos partidos y otros se hicieron muy reactivo a propiciar cambios en pro de hacer posible la democracia y participación de los mayorías; en fin, el país en lo relativo a las organizaciones partidarias contempla indefenso como los mismos dirigentes de hace 40 años siguen controlando e impidiendo el surgimiento de nuevas capas de dirigentes con mayor nivel de desarrollo y con nuevas propuestas para adecentar la vida pública de la Republica Dominicana.  
   
Mientras todo esto sucedía el país experimentaba grandes transformaciones sociales, las cuales no eran el fruto de los esfuerzos del liderazgo nacional, sino más bien de la apertura e  influencia externa, la expansión de los medios de comunicación y un uso masivo  de las redes sociales. Los efectos de estos cambios no fueron percibidos por los lideras de los partidos, mucho menos, se percataron de que esta realidad lo impactaría directamente  porque todo la vida del hombre público, por un asunto de descreimiento en los medios tradicionales, se trasladaron a las redes sociales como horno donde se transformaba en un nueva materia prima, la cual fue empleada  por los grupos colectivos para incrementar esa conciencia social.
   
La ilegitimidad de todas estas direcciones políticas se le reconoce en el ámbito interno y externo; también, se sabe a ciencia cierta, como nadie la valida en sus diversos órganos, porque como se puede apreciar, estatutariamente dejaron de serlos durante décadas. Esto se replica no solo en uno, sino en todos por igual.            

La discusión en los órganos electorales consiste en ver como con la ausencia de una autoridad podría salirse de esta condición, cuya repercusión trasciende los límites de organismo electoral. Esta razón, y no otra, obligan a la JCE a convertirse en la primera en propiciar legislaciones, como la ley electoral y la ley de partido, en un intento por salvar la degradación sistemática en la que se encuentran sumergido el modelo de partidos de la Republica Dominicana.
   
Las erráticas actuaciones no se circunscriben a la manera en que vienen desarrollando sus 0contradicciones internas, sino que trascienden hacia lo externo, como resulta ser el caso del PRM, el cual no admite los destrozos manejos de los implicados en los sobornos de Odebrecht. Risible y no otra pueden considerarse sus declaraciones de que sus altos dirigentes, implicados y ahora con medida de coerción son dos presos políticos del presidente Danilo Medina. Dejan entrever la falta de horizonte político para afrontar una realidad donde se pone al descubierto el uso de los recursos del Estado como patrimonio particular de quienes se encuentran desempeñando funciones públicas. Estas prácticas se remontan a muchos años atrás, quienes se resisten a evolucionar como los dinosaurios son estas organizaciones, cuyo impacto parece abrumarles.
   
Mi opinión: sin importar, si son grandes o pequeños, los partidos políticos de la Republica Dominicana deberán abocarse a un proceso de readecuación, donde estén presente los elementos de ajustes a los cañones democráticos. Impulsar la formación política de sus dirigentes, a través de un amplio programa formativo, haciendo a un lado la práctica de aupar la dependencia patrimonial como elemento de ascenso en las organizaciones.
   
Dejar en mano de la justicia la puesta en marcha de las inspecciones de lugar para determinar si realmente se trata manipulación o no, en el caso particular de los sobornos, para permitir el desarrollo de la justicia y la democracia.        

No podría ser de otra manera, los países se desarrollan cuando sus instituciones alcanzan la madurez de sancionar el delito, después de todos los bienes no son exclusivo de alguien en particular, sino un bien colectivo.        

Corresponde a la fortaleza institucional preservarlos para las próximas generaciones.



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