24 Enero 2018 11:41 AM

PortadaOpiniónColumnas

¡Mamá Lucila!

Félix Jacinto Bretón

Félix Jacinto Bretón

Félix Jacinto Bretón | ACTUALIZADO 12.01.2018 - 11:13 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Por estos días, los recuerdos de mi madre se agolpan en mi mente. Este 11 de enero -que lo fue el pasado jueves- se cumplieron justamente once años que se marchó al lado del  Señor. Sin embargo, para sus hijas e hijos ¡parece que fue ayer!, como dice Manzanero en su tema.
   
Es como si el tiempo se hubiese detenido aquel 11 de enero del 2007. La profunda  herida abierta  en nuestros  corazones  -con su partida- sigue igualita.     El dolor no desaparece. El recuerdo está intacto. El amor por ella no disminuye.
   
Once años se cumplieron de su muerte física el pasado jueves 11 y, repito, parece que fue ayer que Mamá  Lucila Mercedes partió de esta tierra. Eso sí, Dios nos la dejó  92 años  entre  nosotros. Y, por ese lado, esto nos reconforta un poco.
  
De todas maneras, resulta doloroso cuando se pierde un ser querido, más si es una madre, y mucho más todavía cuando se trata de una mujer noble, solidaria, afable, cariñosa, trabajadora, humilde, sencilla y amorosa, como lo fue Mamá  Lucila.

MI MAMA FUE UNA GUAPA
  
Ella luchó  a brazos partidos para levantar una familia compuesta por ocho hijos, tres hembras: Margarita, Miguelina y Guillermina (QEPD) y cinco hermanos: Luis (QEPD), José, Juan, Javier y este “marchante” de Trinchera. Papa  Antonio a veces se descuidaba, por lo que ella tuvo que asumir la tarea de ser “padre y madre” en muchos casos.
    
A veces recuerdo el poema del Indio Duarte - me encanta- donde dice  “mi mama sí, mi mama si que fue una guapa” ¡La nuestra lo fue! No porque le gustara pelear, jamás lo hizo. Mamá Lucila fue una guapa porque desafió con valor los obstáculos y las situaciones difíciles para levantar una familia.
   
Fue una guapa porque  vendió “yunyunes” e hizo dulces, canquiñas y jalaos para mantenernos. En las fincas cercanas cogía tabaco, café, arrancaba maní y llegó  a irse hasta las montañas de Villa Trina para integrarse a la recogida de café (estaba en su apogeo en aquellos años) y todo, para que no pasáramos hambre.
(Papá  Antonio, aparte de descuidarse a veces, no podía aportar mucho debido a sus condiciones físicas motoras.  Se había caído de un rancho que cobijaba, y su movilidad había mermado bastante después de ese accidente).
   
RÍO VERDE…Y AHORA MAMÁ
   
Pero bueno, vuelvo a este 11 de enero. Antes del 2007, recordaba este día por la tragedia de Río Verde que, a propósito, cumplió 70 años este 2018.
  
A partir del 2007 a este recuerdo se suma la partida de Mamá  Lucila, exactamente un día como ese. Siempre la recuerdo -valga la aclaración- pero mucho más en una fecha como el 11 de enero.
    
El jueves -en el 11 aniversario del fallecimiento de mi madrecita querida del alma- publiqué  un breve texto, a modo de plegaria, en las redes sociales, y de inmediato, decenas de amigas y amigos de aquí, allá y acullá se mostraron solidarias y solidarios con la familia, cosa que agradecemos “a corazón completo”.
  
Mama Lucila, como mujer de profunda fe que fuiste (fue una católica pero muy, muy practicante), sé que Dios te reservó  el mejor de los lugares en el Cielo y que desde allá nos cuida y nos vigila. Desde donde estés, échanos  tu bendición, tal y como lo hacía cada día cuando estaba entre nosotros.
   
Esta oración -ademas  de un Padrenuestro y una Avemaría- siempre le dedico cuando voy a llevarle flores al cementerio: Si por tu sangre preciosa, Señor la ha redimido, que la perdone te pido, por tu pasión dolorosa).

VERSOS A UNA MADRE MUERTA
Encontré estos versitos -hurgando en Google- muy apropiados para la ocasión, y a Mamá  Lucila, con todo nuestro amor de hijo, se los dedico en este día:

Besando a solas la montaña yerta
bajo las sombras de la noche oscura,
llega el recuerdo de mi madre muerta
como una pena que me da ternura
 
Mi vida sufre en su dolor desierta
y una pena fatal se me apresura
porque tengo a mi madre helada y muerta
ya guardo entre la tierra su hermosura.
 
Madre mía! tu ya me abandonaste
ya me diste el adiós de tu partida
y aunque solo en el mundo me dejaste
yo te pido me traigas un consuelo
y que tornes mañana por mi vida
para que estemos juntos en el cielo. (Carlos Zuluaga)
 
¡Seguimos en combate…hasta la victoria siempre!

 


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.




Anuncio Adwords