17 Julio 2018 11:14 AM

PortadaOpiniónColumnas

¿Quién te ofendió?

Juan Rafael Pacheco

Juan Rafael Pacheco

Juan Rafael Pacheco | ACTUALIZADO 12.01.2018 - 7:14 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Hay gente --¡mucha gente!—que pasa por la vida como un cristalito de Venecia, frágil, que se quiebra con la mayor facilidad.  Son personas que viven sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo.
   
Si estás en ese grupo, te tengo una sorpresa. Los expertos coinciden en afirmar que ¡nadie te ha ofendido! Lo que te hiere, lo que te ofende, es todo aquello que tú esperabas de esas personas, y esas expectativas tú las creas con tus propios pensamientos. Son imaginarias.
   
Si esperabas que tus padres te dieran más amor, y no te lo dieron, no tienes por qué sentirte mal. Lo que te lastima son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo y no hizo.
   
Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo,  piénsalo bien, tu pareja no te ha hecho nada.  Eso está en tu imaginación.
   
¿Estás enojado con Dios? Son tus ideas de lo que debería hacer Dios, las que te lastiman. Dios jamás ofende ni daña a nadie.
 
  Señalan los estudiosos de este tema que cuando nacemos, somos auténticos. Luego, nuestra verdadera naturaleza es suprimida, y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la sociedad, la televisión, el Internet, nos enseñan.
  
 Y crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida, y cómo deben actuar los demás. Una mala novela que no tiene nada que ver con la realidad.
   
 A lo largo de su vida, las personas coleccionan experiencias vividas con los padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior. Las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas.
   
¿Resultado? Se repiten los mismos problemas y las mismas experiencias negativas. Y el inventario sigue creciendo, y te estorba. No te deja ser feliz. Y a medida que se avanza en años, se es menos feliz.  Es porque el inventario negativo aumenta año con año. Y nos convertimos en “San Quintín el Amargao”.
  
 Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra, y guiar su vida.  Cuando le dices lo que debe hacer y te dice “no”, creas resentimientos por partida doble.
   
Primero, te sientes ofendido porque no hizo lo que tú querías que hiciera, y segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste tal y como es.
  
 Todas las personas tienen derecho de guiar su vida como les plazca, y aprenderán de sus errores por sí mismos.  Bien dice el dicho que nadie aprende en cabeza ajena.
   
Entonces, me preguntarás, ¿cómo puedo perdonar? Dicen los expertos:
   
•    Entiende que nadie te ha ofendido. Son ideas falsas que tienes sobre cómo debe ser esa persona.
   
•    Deja a las personas ser. Dales tu opinión, pero permite que tomen sus decisiones, que ejerzan el libre albedrío del que Dios nos dotó al crearnos.
 
•    Nadie te pertenece, ni tus padres, amigos, parejas. Todos formamos parte del engranaje.  Ama y deja ser.
   
•    La perfección no existe.  Ni el padre, ni el amigo, ni tu pareja es perfecto (¡ni tú!).  Deja de resistirte a que las personas no son como tú quieres que sean. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

•    A la luz del corto período de vida que tenemos, sólo tenemos tiempo para vivir, disfrutar, ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos.
   
Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros.  No puedes darte ese lujo.

Bendiciones y paz.



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.