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«Adagio de ballet», una impresionante exposición fotográfica

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto | ACTUALIZADO 09.09.2018 - 4:36 pm

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«La fotografía es más que un medio para la comunicación efectiva de ideas. Es un arte creativo». Ansel Adams
 
M  parece que Santiago, a través de la exposición de arte, fuente de las virtudes expresadas genuinamente, está recobrando su sello distintivo y legitimidad perdida, como ciudad que fue conocida siempre por el goce  del arte grandilocuente.
    
Procediendo, como procedo, de la ciudad de Nueva York, capital y sede global del arte, en mi condición de intelectual y escritor tuve la hermosa oportunidad de asistir a exposiciones fotográficas de danzas presentadas por Rachel Naville en el  afamado Teatro de Danza de Harlem, principal academia de ballet afroamericana.
    
Hay en el arte un propósito hermoso y expresivo del mundo real o imaginario que nos capacita a exponer ideas, emociones, sentimientos y sensaciones. 
    
El nacimiento de una institución que le abre sus puertas al desarrollo de todo aquello que tiene que ver con el enriquecimiento cultural de una sociedad, es en gran medida plausible y merece festejar los valores estéticos con alegría, a bombo y platillos esta magnífica y oportuna resurrección del arte en Santiago de los Caballeros.
    
Dijo la bailarina y coreógrafa estadounidense Martha Graham que «los bailarines son los mensajeros de los dioses». José Joaquín Lama, con su exposición «Adagio de ballet», y el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA tratan de ofrecernos a través de esta exposición fotográfica tan fascinante y ocurrente un atardecer entre luces y efectos cautivadores.
    
Pienso que José Joaquín se nos muestra en esta grandiosa exhibición revestido de la doble condición de artesano y artista; artesano cuando produce obras deslumbrantes y múltiples, y artista semejante a un semidiós  de obras extraordinarias como «Adagio de ballet».
    
Con esta estupenda exposición del artista de la fotografía y el Centro de Convenciones tratan de revivir en Santiago aquella ruta trazada por personalidades de la dimensión de los talentosos fotógrafos de ballet David Hoffman, quien tiene una obra mágica conocida como «el baile del agua», o quizás Luis Pons, quien se distingue por la búsqueda de la belleza, la simetría, el color y el contraste.
    
Después de haber observado el excelente sentido de la estética de José Joaquín Lama en su majestuosa exposición en el suntuoso Centro de Convenciones me trajo a la memoria la expresión captada por el lente soberbio del fotógrafo ruso Alexander Yakovlev, en el instante en que los bailarines hacen sus movimientos.
    
La fotógrafa de danza neoyorquina Rachel Naville, al igual que lo hace hoy José Joaquín Lama en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA, viene siendo un reencuentro en Santiago con las imágenes inmóviles que nos hacen fantasear inesperadamente bailarines en movimiento.  «Adagio de ballet» me lleva  alegremente a  un contexto seductor de fotografías que hacen que el espectador imagine una corografía de figuras en real movimiento.
    
Esta extraordinaria exposición que nos obsequia José Joaquín Lama debe ser motivo de regocijo y de enorme reconocimiento, toda vez a que pocas veces los pueblos del interior tienen la oportunidad de ver y disfrutar muestras de la categoría de «Adagio de ballet».
    
Me imagino al famoso escritor francés y critico Marcel Proust en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana-UTESA escribiendo una reseña sobre esta magnífica exposición fotográfica. Podría decir, sin lugar a duda, que yo andaba desde hace tiempo tras la búsqueda del tiempo perdido y hallé afortunadamente en Santiago los recuerdos olvidados de aquel tiempo en el Teatro de Danza de Harlem.
    
A propósito de esta exposición he descubierto un poema titulado «Mi ballet», del cual me permito agregar una estrofa a este trabajo a manera de homenaje a la exposición:
    
«Arlequín danzarines me vienen a recibir/suspiro con fuerza/me siento feliz./Fui aquella bella durmiente/soñadora y enamorada en el bosque de las hadas./ Un tiempo fui Julieta/en busca de su Romeo,/también fui marioneta/en brazos de Morfeo./En el vals de la vida/todas queremos danzar/esperando que llegue/nuestro cascanueces./» 
    
Finalmente, me apresuro decir que esta presentación fotográfica de este artista dominicano como es José Joaquín Lama me habla, como diría el laureado fotógrafo francés Bruno Barbey, «en el unido lenguaje que puede ser entendido y comprendido en todo el mundo». Verdaderamente esta exposición de fotografías de danza me enseñó a ver. La cámara de José Joaquín, como dijo la reputada fotoperiodista y documentalista estadounidense Dorothea Lange, «nos enseña cómo ver sin una cámara fotográfica».
  
Gracias nuevamente al Centro de Convenciones por haber traído a Santiago esta hermosa exposición de este extraordinario fotógrafo de danza, para deleite no solo de  los amantes de las imágenes, además para quienes les encanta apreciar el talento artístico en su verdadera dimensión y  exquisita expresión.


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