Desde que el gobierno, entonces encabezado por el doctor Joaquín Balaguer, anunció su construcción, las críticas, los cuestionamientos y las voces en contra de su materialización no cesaron. Se afirmaba de manera insistente que cómo era posible que el Estado invirtiera más de cien millones de pesos en la edificación de una obra no prioritaria, mientras que en los hospitales no había medicinas y las escuelas, aparte del deterioro de sus instalaciones físicas, carecían de aulas, butacas y material didáctico.
Frente a esa corriente adversa de opinión, yo siempre adopté una postura totalmente distinta, hasta el punto de convertirme en uno de los más radicales o fieles defensores del magno proyecto artístico - cultural. Y lo defendí por una razón muy sencilla: construyérase o no la obra, los hospitales iban a seguir sin medicinas y las escuelas destartaladas o carentes de todo lo necesario para la docencia.
¿A dónde iría a parar entonces el dinero destinado para tal fin? Sencillamente a los bolsillos de tres o cuatro magnates reformistas. Por eso afirmaba y reafirmaba: “¡Qué se levante la obra y después hablamos!
Y, agraciadamente, así sucedió. El Gran Teatro del Cibao está ahí: majestuoso, imponente, grandioso, señorial…, transformado ya en un adolescente en ruta hacia la juventud. Quince años acaba de cumplir.
Quince años proyectando el arte y la cultura en esta hospitalaria y fértil región de la República. Quince años transmitiendo conocimientos, forjando ideas y despertando conciencias.
Quince años descubriendo valores y forjando talentos. Quince años recreando el espíritu de los cientos de personas que asisten a las actividades y espectáculos que en sus salas se realizan.
Quince años, en fin, despertando sensaciones y sentimientos en las almas dotadas de cierto grado de sensibilidad artística. O como bien lo resume su actual directora, Gina Rodríguez, “Han sido quince años de éxitos, de aportes, de muchos proyectos culturales que han beneficiado a todo el público del Cibao y del país”
En esos quince años de vida cultural del Gran Teatro del Cibao, cada director ha hecho aportes importantes en bien de la institución. Sin embargo, debemos reconocer que la gestión actual, encabezada por la educadora y pintora Gina Rodríguez, le ha impregnado un sello distintivo en lo que a activismo se refiere , ha dinamizado en forma considerable los procesos, diseñando así un bien logrado programa mensual de actividades que en gestiones anteriores había brillado por su ausencia. Y lo que es más importante, Gina ha logrado conectar más al pueblo con la institución, contribuyendo de esa forma a borrar progresivamente la falsa creencia de que el Gran Teatro del Cibao es un lugar excluyente, reservado para una clase o grupo reducido de iluminados, en vez de asumirlo como el templo del arte concebido por y para todas las clases sociales
Felicitamos al personal, siempre muy atento y dinámico, que labora en el Gran Teatro del Cibao, con su entusiasta directora a la cabeza. Y felicitamos igualmente a mis amigos, licenciados José Rafael Lantigua y Enegildo Reyes, Ministro y Viceministro de Cultura respectivamente, quienes con su apoyo han contribuido a que en estos últimos años el Gran Teatro haya conquistado un liderazgo cultural en la región del Cibao.
El autor es educador y profesor universitario.
