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En Cristo tenemos el conocimiento pleno; pero… ¿por qué no crecemos en entendimiento?

Maricela Ortiz

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Maricela Ortiz | ACTUALIZADO 11.02.2019 - 7:06 pm

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“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
   
Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
   
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:25-30
   
Cuando Jesús dijo que todas las cosas le fueron entregadas hace referencia a la autoridad que tenía para revelar al Padre (Lucas 10:22); Autoridad que nos fue dada con todo el conocimiento pleno en la resurrección de Cristo, morando en nosotros por su Espíritu.  “La revelaste a los niños” a todos los sedientos, los que abrazaran a Cristo y su evangelio.
   
El conocimiento pleno es cuando Cristo se nos revela, dándonos a conocer los misterios escondidos en Él y en el Padre por medio del Espíritu Santo. Dios escondió los misterios del reino de los cielos a los sabios y entendidos que se creen autosuficientes (Mateo 13;10-17). Todos aquellos que se creen sabios en su propia opinión se le hace difícil conocer a Cristo, aunque se le predique el evangelio.
   
“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,  a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.” Colosenses 1:24-29
   
Todas las riquezas de su gloria están dentro de nosotros, y actúan en la medida que les permitimos al Espíritu Santo gobernar nuestras vidas; en la manera diligente en la que estudiemos la Biblia, anhelemos su presencia y nos rindamos al Señor.  Cristo con todo poder se nos ha revelado, porque Él mora por el Espíritu en nosotros, sin embargo, nos toca a nosotros caminar en esta dimensión de gracia.
     
“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.” Colosenses 4:2-4
   
Muchas veces argumentamos basados en nuestras propias experiencias de lo que entendemos que es revelación, pero Dios está revelado en la Palabra y nos ha revelado al Hijo en las Escrituras, desde Génesis nos presenta a Cristo, pero el problema no es la revelación, es la interpretación, por tanto, hay que leer la Biblia, pedirle al Espíritu Santo que nos ilumine y nos de entendimiento y sabiduría. Los misterios de Dios están ahí, y están para ser interpretados, pero… ¿por qué no crecemos en entendimiento?
     
 “Y las has revelado a los niños”, significa los que dependen de Dios, a los humildes, a los que saben que necesitan la guianza y la sostenibilidad del Señor en su vida. De ahí que la Palabra nos habla que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él (Lucas 18:17).
   
Las etapas de crecimiento son similares a las etapas de madurez espiritual, por ejemplo, el niño necesita crecer y desarrollarse, pero durante estos procesos requiere depender de sus padres; nosotros igual en la vida espiritual, donde cada estación de nuestras vidas se ve cargada de procesos y pruebas, y es donde aprendemos a depender del Padre, y en esta dependencia es donde maduramos. Pero el problema de muchos es que no quieren agotar las etapas de crecimiento.  
  
La Biblia habla de odres viejos y odres nuevos, explicando que no se puede echar vino nuevo en un odre viejo… Cuando no cambiamos nuestra manera de pensar estorbamos el crecimiento espiritual, y se nos puede predicar tantas veces sea posible sobre los misterios de Cristo y Dios, el Padre, y el pueblo seguirá sumido en la ignorancia espiritual; ya que, para alcanzar madurez hay que rendirse y entender que Cristo está dentro, por tanto, necesitamos desarrollarnos en esa nueva naturaleza y en total dependencia del Espíritu Santo.
     
Un factor primordial por el cual no se está creciendo en el conocimiento pleno de Cristo, ni se está entendiendo los misterios de Cristo y del Padre, es porque no se está leyendo el Manual, la Biblia, si no se lee las Escrituras no puede haber revelación (iluminación), porque el Espíritu Santo no revela nada que no esté en la Biblia. Dice la Palabra, refiriéndose al Espíritu Santo: “El me glorificará: porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” Juan 16:14
 
 


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