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Cuando las actitudes confunden

Lidia Melania Emeterio Rondón

Lidia Melania Emeterio Rondón

Lidia Melania Emeterio Rondón | ACTUALIZADO 19.05.2019 - 5:00 pm

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Siempre, y de modo recurrente,  llega  a mi memoria aquel hecho histórico  acaecido el 21 de diciembre del año 1511, cuando fue pronunciado el Sermón de Adviento  o Sermón de Montesinos, oratoria que  irrumpió  en la realidad social  y política  que hacia víctima a los aborígenes  dentro de su propio territorio. El Sermón fue la postura de los sacerdotes Dominicos  para enfrentar el abuso de poder reinante. Pero  la grandeza del Sermón estuvo  no solo en lo dicho, que fue bastante, sino en la firme reiteración de lo antes dicho.  Cinco siglos han pasado, y  sigo añorando esa postura.
   
El pasado mes de abril fue prolífico en alocuciones del clero católico señalando males  sociales valorados por este, como preocupantes. El Arzobispo Metropolitano Francisco Osoria fue entrevistado en un programa de televisión, y allí se hizo eco, entre otros asuntos, de que en el  gobierno están presentes ciertos indicadores que pudieran conducir a una dictadura. En el reciente Viernes Santo el Sermón de las Siete Palabras no tuvo desperdicios ya que en forma exhaustiva el clero hizo una panorámica de la realidad social, y atacó los males que agobian y amenazan la paz y la seguridad ciudadana.
   
A todo esto, y como un asunto de aparente consenso en el clero, el 30 de abril el periódico “La Información” de Santiago, reseñó que “Monseñor de la Rosa y Carpio advierte falta ética y moral en el gobierno destruye país”. Puede decirse que estas reflexiones y críticas de los sacerdotes católicos hallaron empatía en gran parte de los sectores sociales, aunque no así en algunos del gobierno, pero lo más importante fue que la ciudadanía acogió lo dicho, y también le dio seguimiento.

¿Qué  ha ocurrido, luego de estas enardecidas palabras sacerdotales ? A penas terminó el mes de abril, y ya el primero de mayo la prensa reseña una reunión, con foto y todo, de importantes jerarcas de la Iglesia Católica (el Arzobispo metropolitano Francisco Osoria, y los obispos Benito Angeles y Faustino Burgos) en el palacio nacional junto al presidente Danilo Medina, y dos de sus funcionarios. ¿Cuál es el mensaje que hay aquí implicado, y a qué nivel de comprensión nos invitan los obispos?

En el periódico “HOY” (1-5-2019) se destacó la reunión de estos dos sectores: iglesia y gobierno, como una reunión de trabajo donde se reafirmaron lazos de amistad y fraternidad durante ese encuentro en el palacio de gobierno. Como el pensamiento es libre cabe preguntarse: ¿Se trató de echar agua al vino? Esto no es posible porque “ese vino” sigue igual de tinto.
   
Y es que, en todas las acciones que se acometen siempre hay que cuidar las formas, pues aunque la gente sigue necesitando confiar en alguien, está muy descreída. Situaciones como estas no son extrañas, pero de todos modos, dejan como sustrato la desconfianza, y hasta vacíos y desesperanzas.
   
Si la iglesia tiene proyectos comunitarios en carpetas, o están en ejecución por parte del gobierno, no hay la necesidad de que su jerarquía acuda al palacio a darle seguimiento, pues para eso deben estar otras mediaciones. Este encuentro iglesia - gobierno  fortaleció a este último, y debilitó al primero, la iglesia. Aun estamos en las Pascuas de Resurrección y fresca la amargura de la Pasión de uno que jamás se doblegó, todo lo contrario, por eso   el modelo sigue siendo Jesús, y quien lo siga. El echó, a garrotazos, a los mercaderes del templo, y no para ir luego a negociar con ellos.



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