24 Junio 2019 10:27 PM

PortadaOpiniónColumnas

La ciega y mezquina ambición

Rafael Octavio Lantigua

Rafael Octavio Lantigua

Rafael Octavio Lantigua | ACTUALIZADO 20.05.2019 - 7:00 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

La ciega y mezquina ambición es  patológica, incierta, desmedida y sin sentido, sin objetivos definidos y con marcados bemoles cuando acumulamos bienes y riquezas  para arrastrar en el fondo una vida miserable buscando morir en la opulenta riqueza. Tal es el caso de los políticos dominicano enquistados en el poder actualmente.
   
Es halagüeño, prometedor y progresista como sana medida e inteligencia, cuando con marcada disciplina se persigue el triunfo y metas con sacrificios. Es bueno y válido como una forma de perseguir el triunfo vía el sacrificio, no tener ambición desmedida.
   
Hacer y producir riquezas es bueno siempre que sea para el bienestar socio humano, mejorando la calidad de vida y de hecho compartir con equidad, mejorando y progreso y vida de sus congéneres. El desarrollo con libre albedrio sano, es prometedor y da oportunidades.
   
Debe hacerse las riquezas personales,  sin explotación ni buscando beneficios mezquinos ni soslayar al prójimo. Las evoluciones francas y abiertas se abren paso por la equidad, la base del esfuerzo y la espiral e inspiraciones de los emprendedores y soñadores, por el hilo conductor de las riquezas espirituales sin desmedro a la filantropía.
   
Tenemos , aparte muchos pseudo santones que con apariencia de “judas” no son más que feudales modernos de nuevo cuño que saquean orondos y pletórico de ostentaciones burlescas usurpando el sudor de los que tienen menos suerte, y lo único que podría liberarlos de esa pesada carga es el juicio de la muerte.
   
Sin curvar el lomo, si usted cambia su nivel es justo, pero sí lo hizo sustrayendo y esclavizando es una alevosía y merece el escarnio de la muerte.
   
Con la sustracción tesonera del trabajo idóneo y la suerte aleatoria es bueno y digno como aceptable y común hacer riquezas, pero si inicuamente usted sustrae el sudor ajeno merece la deshonra de llamarse un ladrón antisocial.

La ambiciona y avidez de fortuna lleva muchas veces a la incertidumbre del “caminito corto o vía rápida”, y a un fracasado derrotero en su caída con una imagen rota y podrida o putrefacta.

La diafanidad de los valores de los principios morales nunca se negocias, dependiendo de quien la interprete y proyecte.

EL AUTOR ES POETA Y ESCRITOR



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.




View My Stats