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Por un entorno saludable

Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa | ACTUALIZADO 20.05.2019 - 7:05 pm

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Muchas personas consideran que el modelo de desarrollo de la humanidad en el último siglo ha roto la relación que el ser humano sostuvo en el tiempo con su entorno, y ven en el calentamiento global y las catástrofes naturales algunas de sus consecuencias. En 2015, el papa Francisco publicó la encíclica Laudato sii, en la que habla sobre la importancia del cuidado de nuestro planeta, “la casa común” como él la denomina. Una casa que es de todos y por la que todos debemos estar implicados y sentirnos responsables de su conservación. La encíclica constituye una señal a todos los agentes económicos y sociales del mundo para afrontar este desafío que afecta a las generaciones futuras. Pero todos necesitamos estar a la altura de este compromiso.
   
Afirma Francisco: “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (LS, 4). Y, por desgracia, nuestro país no escapa de esto. Es un problema de todos nosotros. Y en cada uno hay una parte importante de la solución.
   
Una de las cosas que necesitamos hacer es responsabilizarnos. Responsabilidad viene del latín responsus, respuesta. Eso es la responsabilidad: la capacidad de emitir una respuesta. A lo que agrego: una acorde. No cualquier respuesta.
   
En concreto, cambiar el estilo de vida del descarte: esa tendencia a “usar y botar” en que vivimos y educamos a los más jóvenes: “No importa, ¿para qué reparar? Compra uno nuevo”. ¡No! Necesitamos cambiar esos criterios, desaprender unos y aprender nuevos. Por ejemplo: aprender a reutilizar, a reducir y a reciclar. Esto es conocido como “Las tres erres” o, simplemente, 3R.
   
Las 3R es una regla básica y simple para cuidar el medio ambiente, porque reduce la cantidad de residuos que generamos. Si la aplicamos, ayuda a botar menos basura, a ahorrar y a ser consumidores más responsables.
       
Lo más común es reutilizar. Es decir, volver a utilizar las cosas, darles la mayor utilidad posible antes de que llegue la hora de deshacernos de ellas. Suele suceder con las fundas, los envases, las telas…

Reducir es simplificar el consumo de lo que compramos y consumimos, porque eso tiene que ver con la basura que generamos. Por ejemplo, si compras seis pequeñas latas de sardina, podrías comprar tres grandes. Obtienes el mismo producto y menos basura.
   
El más nombrado es reciclar. Esto consiste en someter los materiales usados a un proceso de transformación o aprovechamiento, para que pueda ser utilizado otra vez. En muchas ciudades educan a sus ciudadanos al uso de zafacones de colores, destinados al reciclaje. Y las multas son altísimas para los infractores.
   
Lograr un entorno saludable es también cuestión de autoestima. Nos merecemos más. Pongamos nuestro granito de arena para conservar lo que Dios ha creado para nosotros con tanto amor. Papa Francisco lo llama “conversión ecológica”. Urge en nuestra sociedad.



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