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¡Inolvidable! Día del Primer Beso

Rafael Baldayac

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Rafael Baldayac | ACTUALIZADO 22.05.2019 - 7:22 pm

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Un beso puede servir para sellar una traición, como hizo Judas. Pero también es la expresión de amor más extendida en el mundo.  Los poetas románticos han dedicado versos y versos a encumbrar su valor.

No hay canción de amor o película que no hable de ellos y la mayoría podemos recordar perfectamente cómo fue nuestro primer beso.
   
Cada 23 de mayo se celebra el Día Internacional del Primer Beso. ¿Por qué se celebra? Muchos se preguntan por qué ese día y no otro. Bueno igual que con los demás días, también tiene su historia.

Este es el beso que nunca se olvida, ya sea que hayas besado a un chico guapo o feo. El primer beso se puede dar en cualquier momento, incluso de niños.
   
Cuando ocurrió? Fue el día en que dos jóvenes se besaron en el parque Los Caobos de Caracas, Venezuela  la tarde un 23 de mayo. El joven era muy pobre dormía en un colchón en el piso en la casa de sus tíos, con el ímpetu propio de la juventud, no se amilano por eso y decidió darle el mejor beso a su novia luego de seis meses pidiéndole que lo aceptara.

Hoy, Día Internacional del Primer Beso, buceamos en la historia y en la prehistoria, para comprobar -en contra tal vez de lo esperado- que los orígenes de esta manera de mimarse no son tan idílicos.

Se sabe que los antiguos persas y los griegos ya practicaban el beso romántico e incluso existe una rama de la ciencia dedicada a estudiar este comportamiento humano, la filematología.

La primera referencia literaria sobre el acto de besar se remonta, según el libro The Science of Kissing de Sheril Kirshenbaum, al año 1.500 a.C, cuando en unos textos escritos en sánscrito védico y aparecidos en la India se habla de "lamer la humedad de los labios".
   
Precisamente en este país fue escrito en el siglo III d.C. el Kamasutra, libro que dedica un capítulo entero a explicar las diversas formas de dar un buen beso.

En esa región era habitual besarse cientos de años antes de Cristo. El propio Herodoto así lo constató en Historias (siglo V a.C), libro en el que se indica que el beso en la boca era el saludo típico entre los persas de mismo rango social, mientras que si existía cierta diferencia el beso se daba en el cuello.
   
Ahora bien, por qué nos besamos, cuando empezamos a hacerlo, o si es un comportamiento aprendido o instintivo, es todo un misterio.
   
No se sabe cómo se originó. Algunos científicos defienden que es una conducta aprendida que surgió hace cientos de miles de años, en nuestros ancestros evolutivos.

Los humanos también besamos para fortalecer lazos de unión. Investigadores de Oxford han visto que las parejas que se besan con más frecuencia son más felices y se sienten más satisfechas con su relación, independiente de la frecuencia con que mantienen relaciones sexuales.

Según un estudio publicado en 2015 por la Universidad de Indiana (Estados Unidos), tan sólo el 46% de las sociedades humanas acepta el uso romántico del beso.

El 54% restante no utilizaría el beso como expresión amorosa o "sería una rara demostración de la intimidad", según uno de los investigadores.

En el país más poblado de la Tierra, China, besarse es una expresión sexual similar al coito, por lo que en público nadie lo lleva a cabo. Algunos países de Asia como Japón, Camboya, Tailandia o Birmania comparten este aspecto cultural con los chinos.

Entonces, ¿por qué nos besamos? Una teoría científica que roza con la evolución apunta que es una forma excelente de valorar si la pareja potencial que tenemos delante es o no adecuada para tener una descendencia sana.
   
Al besar a alguien, instintivamente nos dejamos llevar por las feromonas, marcas químicas sutiles que nos dan información acerca del sistema inmunitario de esa persona.
   
Además, intercambiamos saliva, repleta de bacterias y otras sustancias que nos permiten evaluar de forma rápida si esa persona es o no compatible genéticamente con nosotros.
   
Hay que pensar que en un beso de 10 segundos intercambiamos, nada menos que unos 80 millones de bacterias. Y eso, apuntaba el estudio, también podría impulsar nuestras defensas.

Desde un punto de vista neuro-científico, el beso es muy interesante. Cuando unimos nuestros labios a los del otro aumenta la presión sanguínea, se movilizan hasta 29 músculos faciales y quemamos unas cuatro calorías por minuto.
   
Al tocarse los labios, más de 100.000 millones de células nerviosas se activan, le envían al cerebro un torrente de información que le ayuda a decidir si queremos continuar y, en ese caso, comienza a liberar endorfinas.

A lo largo de los años y en todas partes del mundo se cree que el primer beso nunca se olvida, ya sea que hayas besado a un chico guapo o feo, te haya gustado o no, es imposible borrar de la memoria. ¿Usted que cree?
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