Es preocupante y hasta alarma ver cómo éstos jóvenes profesionales tienen que dedicarse a otro oficio u ocupación diferente a lo que le dedicaron años de esfuerzo, sacrificio y dinero para obtener un diploma que acreditara los conocimientos y capacidades adquiridos. De igual forma lastima que los recién graduados deban dedicarse a un empleo inferior dentro del rango de su profesión.
En la mayoría de los casos, éstos jóvenes profesionales fueron brillantes en sus estudios universitarios. Abundan quienes se graduaron con honores y simplemente no encuentran un espacio laboral para desarrollar sus conocimientos y capacidades.
¿Cuál es el resultado para nuestra sociedad? Ciudadanos y ciudadanas frustrados, deprimidos, sin rumbo, entre otros malestares.
Del otro lado de la acera vemos el profesional que sale de la universidad dispuesto a lo que sea, con tal de adquirir, en poco tiempo, bienes materiales, vehículo del año, apartamentos lujosos para poder montarse en la carroza del “éxito” que como sociedad vendemos y aprobamos.
Salen sin importar el precio que haya que pagar, “cortando cabezas”. Haciendo lo que sea y como sea.
Estos, en la mayoría de los casos, si encuentran un mercado abierto y dispuesto a recibirlos. Están al servicio de los malechores, de los compradores de la dignidad y del decoro de la persona.
En ambos casos, tenemos profesionales con intenciones diferentes pero profesionales.
Y nos preguntamos, ¿a dónde está el fallo?, ¿en nuestra sociedad?. Es nuestro sistema actual el causante de esta grave situación que a diario tenemos que enfrentar?
La pregunta queda sin respuesta………Sea usted el jurado.
La autora es abogada y docente universitaria.
