22 Mayo 2012 11:47 AM

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“Un recuerdo a Porfi Jiménez”

Nurys Rivas

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Nurys Rivas | ACTUALIZADO 30.01.2012 - 10:28 pm

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Con su habitual desparpajo, sube y baja el telón de la vida, apareciendo en escena, la inevitable parca, que esta vez arrastra en su guadaña a Porfi Jiménez, un músico dominicano que desde que escuchó por vez primera unas notas de Jazz, se enamoró del género que unido al merengue y otros ritmos, le llevaron a escribir páginas memorables de la música tropical.
   
Los periódicos venezolanos anuncian con grandes titulares la sentida muerte del músico dominicano de nacionalidad y venezolano por decisión, Porfi Jiménez.
   
Siete años tenía el niño Porfi cuando inició a los 13 años, los estudios de música bajo la batuta del Profesor Albuerme, tocaba ya la trompeta en la plaza de su pueblo.
   
Con el discurrir del tiempo, se fue templando el músico en ciernes que habría de llevar muy lejos los aires tropicales y el Jazz.
   
Venezuela llora como a uno de sus hijos, a esa gloria de la música dominicana, un cerebro prodigioso que encontró en la Patria de Bolívar, un cálido y entrañable nido.
   
Porfi Jiménez, músico de profesión, nacido en Hato Mayor, había cumplido 82 años cuando la muerte le sorprendió en Caracas.
   
Fue uno de los músicos de La Voz Dominicana, primera trompeta de la Orquesta Angelita, su arribo a la capital venezolana, se produjo en 1954, cuando viajó en la gira de la orquesta de Rafael Minaya, se quedó para siempre en la tierra bordeada por Los Andes.
   
Arreglista, trompetista, jazzista y director de orquesta, un prodigio cuyo arte es un legado compartido entre venezolanos y dominicanos. Eligió Venezuela para escapar del azote de la tiranía de Trujillo, esa tierra fue un trampolín para el criollo que al llegar se integró a la orquesta de Pedro Belisario, luego pasaría a ser parte del mítico dominicano Billo Frómeta, Los Peniques y otras más, ya para 1963, se independizaba al frente de su propia orquesta.
   
Su aporte a la música es inmenso, grandes títulos, éxitos que recorrieron la geografía iberoamericana y más allá del océano, Porfi daba al merengue un toque especial y auténtico, nadie podría olvidar títulos como “La banda está borracha”, “Dolores”, “El culucucú” y otros tantos que le valieron fama mundial.
   
Trabajó como arreglista para los más célebres cantantes y orquestas, Rolando La Serie, Felipe Pirela, Blanca Rosa Gil, Mirla Castellanos, Estrellita del Llano, Chery Navarro y otros grandes intérpretes, veían en Porfi a su Maestro favorito.
   
Llevaba siempre en su corazón a su tierra, muestra deja como testimonio de ese amor, las letras hermosas que le escribió, “Quisqueya”, la canción casi himno, que nos identifica y que a todos en cualquier parte, nos despierta las fibras de la añoranza por la tierra; también tenía periódicos encuentros con músicos amigos dominicanos.
   
La orquesta del laureado músico, obtuvo en 1975, el segundo lugar en el Primer Festival de Orquestas celebrado en Venezuela.  
   
Su ritmo tropical se vistió de gala desfilando en los grandes salones de toda Venezuela, su último concierto, fue en el 2008 dirigiendo la Orquesta Sinfónica de las Naciones Unidas, en un homenaje que se le rendía a su trayectoria.
   
“Se me metió en el corazón rápida y para siempre”, así hablaba el músico sobre Venezuela, la tierra que amó tanto como la propia, porque allí le dejaron volar sin que sus alas tuvieran límites.


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