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¡PUCMM 50 años, el futuro es ahora!

Reynaldo Peguero

Reynaldo Peguero

Reynaldo Peguero | ACTUALIZADO 01.02.2012 - 2:26 am

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2012 es el año en que la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), cumple 50 años de fundada. 62,680 profesionales graduados, con alrededor 40% de ellos financiados bajo el incluyente y solidario Programa de Crédito Educativo. La PUCMM facilita el futuro prometedor de cada familia con miembros graduados de esta universidad como profesionales. Egresados insertados hoy como valiosos gerentes en empresas, en el Estado, en la investigación, la docencia y los servicios, pero también en la planificación del desarrollo.
   
La PUCMM es la primera universidad del país fundada luego de que siglos antes, en 1538 el Papa Paulo III, mediante la “Bula In Apostolatus Culmine” creara la Universidad de Santo Domingo. Pasaron 424 años para que en Santiago de los Caballeros, la Conferencia del Episcopado Dominicano, creara la PUCMM el 9 de septiembre de 1962, en respuesta a las necesidades que en materia educativa fueron surgiendo en el país en su proceso de desarrollo económico y social. Surge luego de la caída de la tiranía de Trujillo, en una coyuntura vital para la democracia, donde las iniciativas independientes y las propuestas represadas por la dictadura, se abrían campo inspiradas en esa insurrecta apertura democrática. Se le llamó Madre y Maestra en honor a la encíclica social “Mater et Magistra” del Papa Juan XXIII.
   
Visualizo que uno de sus puntos de inflexión vanguardista fue la creación de su Escuela de Medicina en 1974. Con esta carrera se puso en evidencia la elevada calidad docente que distingue hoy dicha casa de estudios, certificada por organismos mundiales. Aunque estaba en el bachillerato, como provengo de una familia de farmacias y médicos, lo recuerdo como ahora, porque se comentaba en casa. Cuando se planteó que Santiago formara los médicos que el país necesitaba,  hubo revuelo y aprensión entre académicos y médicos de Santo Domingo.
   
A pesar de los reparos, la PUCMM siguió impertérrita su camino y planificó en coordinación con la Organización Panamericana de Salud (OPS) y el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), el programa de enseñanza más progresista que en las ciencias médicas se haya creado en la República. Se vincula el estudiante a la práctica médica desde el primer semestre. La praxis observada cuando los primeros estudiantes llegaron al internado de medicina aclaró las dudas. El programa los enviaba seis meses a los más apartados municipios del Cibao, con una supervisión docente permanente. Esa fue la cantera donde el pueblo mismo pudo comprobar la calidad de los médicos de Santiago.
   
La vida nos dio una oportunidad de oro pues ahí, en esos hospitales lúgubres de los municipios, coincidimos con internos de Medicina de varias universidades de Santo Domingo. La experiencia fue contundente y exitosa. A la hora de limpiar asépticamente una herida y suturar varios “puntos” a un accidentado. Al momento de atender de urgencia un parto a las tres de la mañana. Al instante que llegaba un borracho impenitente y hacia falta un suero glucosado. En la tarea de hacer una visita domiciliaria a un tuberculoso, y cuando había que tomarle la presión y sacarle sangre para laboratorio a un paciente, en los oscuros pasillos hospitalarios sólo se escuchaba decir “busquen los internos de la UCAMAIMA”.
   
Ahí nació el prestigio y creció la mística de una enseñanza que privilegiaba la medicina comunitaria. Una docencia que desde los 70´ involucraba al estudiante en barrios populares con una ficha comunitaria y un mapa-croquis de seguimiento. Una enseñanza que se armonizaba con el encanto de las modernas teorías sociales de la medicina de Juan Cesar García, Edmundo Granda y Jaime Breilth, que preparaba los médicos en Santiago para que fueran coherentes con la Estrategia Mundial de la OMS “Salud Para Todos en el año 2000”.
   
Líderes académicos y asesores de OPS, como el doctor argentino Eduardo Acebal, primer decano de la Facultad de Ciencias de la Salud; Patricio Yépez, ecuatoriano y María Isabel Rodríguez, salvadoreña, entre otros. Así como los médicos dominicanos Andrés Peralta Cornielle, Rafael Cantizano Arias y Pedro Bisonó, están inscritos en la historia de la enseñanza de la medicina como gestores que impulsaron transformaciones. 50 años después, la PUCMM que inició con Filosofía, Educación y Derecho, tiene hoy 55 programas de grado y postgrado, invirtiéndose sólo en el 2011, 268 millones de pesos en Crédito Educativo para jóvenes talentos provenientes de sectores pobres y excluidos.
   
Los avances y logros de la PUCMM se explican por los visionarios líderes religiosos y sociales que han ocupado su rectoría, a quienes desde niño observé con admiración, ataviados de pulcras, solemnes y blancas sotanas. Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, visionario y de elevada vocación práctica. Monseñor Juan Félix Pepén Solimán, conciliador y hombre de bien. Monseñor Roque Adames Rodríguez, exégeta, científico y filósofo. También por su claustro de profesores y su gerencia administrativa y financiera de primera calidad. 
   
Pero sobre todo, por Monseñor Agripino Núñez Collado, estratega, concertador y regente en los pasados 42 años. Él ha contribuido a elevar el liderazgo social, científico y académico de la PUCMM a los niveles de hoy. Bajo su gestión estratégica, la PUCMM es un importante factor de sostenibilidad del desarrollo de la República. 


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