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Gota Cerebral

Víctor A. Estrella

Víctor A. Estrella

Víctor A. Estrella | ACTUALIZADO 02.02.2012 - 1:00 am

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Las perlas de lluvia y la frescura matinal, hacen  brotar en el vergel del silencio la nostalgia; pero una añoranza  ajena a la pasión, a las rutinas pasajeras, a las trivialidades absurdas; son  recuerdos, donde  se revive una época, aunque con sus traumas, de un país maltratado por el nihilismo, dejando  lo oscuro a un lado y tratando de   perpetuar en la memoria un equilibrio social y por tanto mental.
   
En esas páginas de tiempo, después del justo óbito del sátrapa y los venideros años de una ansiedad de  libertad, creció una juventud, con sed de aprender las cosas prohibidas, aquellas que  servían para acoplarse a una verdad de consciencia, donde la cordura era  el ángulo primordial.
    
Los deseos eran muchos, la confusión perneaba, aunque la ignorancia { y por tanto el analfabetismo }  marcaba un índice preocupante; los intelectuales de  honrada fe y los aspirantes al conocimiento y la sabiduría, estaban gozosos ante el  acontecer de un futuro, donde el idealismo de las capacidades y la justicia, hicieran de la vida en común, un  desarrollo pleno.
   
La Luna está en cuarto creciente, así mismo    avanzaba  hacia el plenilunio el intelecto  de  los jóvenes  de  aquel período, con el vigor característico  a todo  novel con ideales.
   
La lectura se convirtió en un arma poderosa, las polémicas vestidas de prudencia y fundamento, eran frecuentes, en centros de cultura y esquinas frecuentada por mozos de sanos juicios.
    
Las lluvias pasan;  pero a veces   en la tierra se convierten en  corrientes, en fuertes torrentes, en inundaciones y muchas veces dejan angustias, pesares y muertes. Así mismo los poderes absurdos diezman las virtudes y deslizan con astucia,  orgías, desde las aparentes sencillas sugestiones, hasta las sanguinarias represiones, muy en especial, en los países marginados, donde campea la nesciencia y se  disemina un perfume misántropo, capaz emponzoñar, el entendimiento y aturdir la floración intelectual.
    
Nostalgia por una juventud sobreviviente a los ásperos y tortuosos años y tristeza ante la expiración de recios y valientes emancipados del saber y de la acción, cuyas metas quedaron atrofiadas, en el fragor de una persecución tenaz  y sin piedad.
    
La añoranza culmina con un desahogo íntimo o una expresión volando, similar a una  pequeña hoja de papel, en una peregrina aventura dentro  de un sombrío tifón.
    
Siempre, en cada generación, en  cada década o época, habrá una miscelánea en las sociedades, pero cuando  zafios y rudos predominan, bajo  las bambalinas de  publicidades alienantes, las masas se convierten en mansedumbre y  serviles adefesios, deteniendo el curso lógico de una historia.
    
Añoranza   capaz de entristecer, por ver desde hace tiempo, dibujarse  por  las libélulas de la sinrazón, un horizonte  borroso, donde se aprecia  un lenguaje procaz, capaz de llegar a algunos medios de comunicación  colectiva y una  precariedad  en el interés por una lectura edificante.
    
Las perlas de lluvia traen la nostalgia de ideales que, aunque no han logrado su total iluminación, persisten latiendo, para una herencia intelectual, cuando el sol de la sensatez, logre  aclarar el sendero de los  ambulantes  en el laberinto  nebuloso.

El autor es médico, escritor y poeta  


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