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Los jóvenes y la Patria

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 03.02.2012 - 1:27 am

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El pasado 26 de enero se conmemoró el 199 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte considerado el padre de la patria por su labor procera y desinteresada al servicio de la dominicanidad. Duarte era un joven procedente de la clase media, quien pudo viajar a Europa para educarse, y donde abrazo las corrientes del nacionalismo, romanticismo y  el liberalismo. Con estas ideas conscientico a la juventud y creó el movimiento trinitario, plataforma política, desde la cual empujo el proceso hasta la independencia. De forma despectiva, el movimiento de los trinitarios y Duarte fue considerado como la revolución de los muchachos. Los grupos conservadores se hicieron con el poder  y proscribieron al padre de la patria y sus amigos. En diversos momentos el patricio llego a externar que la “juventud era la esperanza de la patria”, que en los muchachos se cifraban los grandes ideales de este país en construcción. Desde la independencia la juventud ha estado presente en los grandes temas nacionales y en la definición de importantes procesos como la Restauración, la lucha contra las ocupaciones norteamericanas de 1916-1924 y 1965, así como la resistencia contra la tiranía trujillista, por ejemplo los jóvenes expedicionarios de junio de 1959, así como los llamados Panfleteros de Santiago, movimiento juvenil que decidió enfrentar las tropelías de la tiranía trujillista y pagaron con su sangre el reclamar libertad, equidad y democracia. También el régimen neotrujillista de Balaguer se ensañó contra los jóvenes revolucionarios de los años setenta donde se produjo una especie de operación limpieza en el país, verbigracia los jóvenes del 12 de enero, los llamados Palmeros, quienes regaron con sangre los surcos de la incipiente democracia dominicana. También es necesario el desarrollo y promoción de ese segmento demográfico lleno de expectativa y sediento de encarar empresas ciclópeas, las cuales permitan realizar sus utopías y sueños. Las políticas de capacitación y las iniciativas para generar empleos para los jóvenes en Rep. Dom. Son insignificantes por ello se afirma que la existencia de más de ochocientos mil jóvenes en el país ni estudia ni trabaja. También se conmemora el día nacional de la juventud, en honor al Padre y maestro de los jóvenes San Juan Bosco, por su ardua labor, desde la congregación salesiana a favor de los jóvenes del mundo. Don Bosco, de origen italiano, posee una cosmovisión ecuménica acerca de los jóvenes en el mundo moderno. Apuesta a una formación universal y de carácter integral con una orientación hacia el mundo del trabajo. En el país la congregación salesiana, inspirada en legado de San Juan Bosco regentea varios politécnicos, desde los cuales se procura sobre todo la capacitación técnico-profesional y la inculcación de un humanismo cristiano. Desde la iglesia se ha elevado la voz de alerta acerca de la trágica situación que padece la juventud, factor que atribuye a etiquetar este segmento demográfico y a convertirlo en presa de los instintos primarios que conducen al  ser humano en estado de desesperación. Sin empleos, sin estudios, con escasos referentes morales, en un escenario donde se promueve la vida fácil y alegre,  muchos de aquellos que padecen de tal situación debaten su existencia entre dilemas morales, en una lucha maniquea  por el ejercicio del bien y el mal, proclives a ejercer un supuesto libre albedrio inducido, empujado por una parafernalia social  y mediática donde son escazas las oportunidades y abundantes las amenazas. En una jerarquía de instituciones sociales, la iglesia católica ha sido muy bien valorada y creíble por sus posturas frente a los fenómenos contemporáneos. Desde el año dos mil once (2011) a la fecha dicha entidad ha producido dos cartas pastorales donde cuestiona acremente la degradación moral en que se halla el país, el conciliábulo en que viven políticos y empresarios, como el narcotráfico ha permeado diversos estamentos del poder social, económico y político. Este lastre deja sus secuelas sobre la juventud, la que está conculcada, a existir en un presente inerte, sin utopías sin esperanzas más allá de la amarga existencia. Estamos obligados a recuperar el nacionalismo y Duartismo y promover el  compromiso de Don Bosco en la construcción de un joven integral, cristiano y humano en una mundo secularizado.

El autor es doctor en educación.


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