Lo que más llamaba la atención de Joseíto a sus compañeros, era su seriedad y lo aplicado en los estudios. Esto era un reflejo de la estricta crianza que recibió en su hogar de esta ciudad.
Joseíto realizó sus estudios de post grado en Cánada y los Estados Unidos, donde estableció fuertes lazos de amistad con Mariano Defilló, Ivanhoe Baez, Andrés Ríos Faxas y otros colegas dominicanos, que compartieron con el la experiencia de esos estudios de post-grado.
Regresó a su ciudad natal en 1967, con especialidad en medicina interna y cardiología, además de una gran afición por la neurología. Fue designado Jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Cabral y Báez, constituyendose en su primer cardiólogo, dando inicio a su gran labor en la medicina asistencial y docente, que se extendió por más de 40 años. También inició el ejercicio privado de la profesión junto a su padre, en el consultorio de la calle Máximo Gómez.
Joseíto se convirtió en el investigador clínico No. 1 de todo el Cibao, como lo demuestran sus 108 estupendos artículos en revistas científicas nacionales y extranjeras y sus 17 libros sobre diversos tópicos médicos.
Ejerció la medicina altruisticamente, atendiendo al que podía pagar y al que no podía, con la misma amabilidad y eficiencia. Recibió numerosos reconocimientos de sociedades médicas, incluyendo el de Maestro de la Medicina del Colegio Médico Dominicano en 1994.
Joseíto era un gran amante e historiador del beisbol; sus 103 trabajos en este campo fueron recompensados con un pase de por vida al salón de la fama en Cooperstown , New York. En su hogar exhibía una foto suya junto a Pee Wee Reese, el famoso torpedero de los Dodgers de Brooklyn. Era también Joseíto un virtuoso tocando el piano.
Su muerte nos entristece a todos los que le conocimos bien, además de a sus familiares y al doctor Salomón Jorge, amigo entrañable de la familia y quien a la muerte de sus padres biológicos, lo adoptó como uno de sus hijos.
