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Pinceladas de nostalgia

Nurys Rivas

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Nurys Rivas | ACTUALIZADO 07.02.2012 - 12:59 am

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Asistiendo a la presentación de un libro en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, pensamientos en las alas del recuerdo, me llevaban a Santiago, me situaba inicialmente en Cuesta, recordé los tiempos en que Martha Francisco, era la encargada de organizar las puestas en circulación de libros, conferencias, tertulias, encuentros.
   
Es indudable que ese Centro contribuyó a incentivar en Santiago a un nivel que no estaba habituado a ese tipo de eventos, semanalmente se hacían actividades que llenaban los espacios de la librería y el supermercado.
   
Asistir a Cuesta, era una costumbre, había contertulios fijos en todos los actos, se hacían amigos, se rencontraban viejas amistades, compañeros de estudios y más de una pareja conocida, se enamoró en Cuesta.
  
Día de las Madres, Independencia, Día de Duarte, de la Restauración, Navidad, día del Libro, cada fecha era un motivo que se festejaba en Cuesta, Martha Francisco era una exitosa gestora que se granjeaba con su simpatía y don de gente, el aprecio de todos, ella movía los hilos como una experta araña que tejía unas redes en las que todos caíamos arrobados por la magia de Cuesta.
   
La copa de vino, el capuchino, el café, muchos llegábamos una hora antes y subíamos las escaleras hasta el segundo nivel, para sentarnos alrededor de una de las mesitas y saborear ese café calentito, el mío lo tomaba con algún licor, siempre acompañada por Martha, que se las arreglaba para quedar bien con todos, periodistas, gestores, estudiantes, profesionales de cualquier ciencia, nos reuníamos allí, habíamos quienes teníamos puestos fijos en primera fila.
   
Si dejara de nombrar al Gran Teatro del Cibao, cometería una gran injusticia, ya que era junto a Cuesta, el lugar donde las personas que generalmente asistíamos a este tipo de actividades, llenábamos ese vacío en el aspecto cultural.
  
En el Gran Teatro a un nivel más amplio, por razones obvias, hay un espacio que sin lugar a equivocarme, permanece en el recuerdo de mucha gente de Santiago, es el Bar Moisés Zuain, hablaré específicamente del tiempo en que era Directora una mujer que  por su trato afable se convirtió en gran amiga de todos, Ivonne Cocco forjó un estilo muy propio, a las reuniones, las tertulias y presentaciones de toda índole, ella sin restarle profesionalidad, le imprimía una nota cálida, familiar y siempre estaba presente animando con sus palabras todas las presentaciones.
  
Junto a Ivonne, como segunda al bate, estaba María Luisa Estévez, quien la conoce de inmediato se siente afecto por ella, por su ser humano sencillo y su sentido de colaboración, ella en persona a veces pasaba a recogernos, más de una anécdota compartimos cuando empezaba a conducir, mas de una aventura vivimos en la Avenida República Argentina.
   
Ignoro como continúan en Cuesta, las actividades de la librería, en el Gran Teatro, compartí algunos eventos bajo la batuta de Gina Rodríguez, una artista que dio al Teatro mucho esplendor, de la actual dirección, no puedo opinar, no he sido testigo de sus ejecutorias, tratándose sin embargo de Lincoln López, nadie pone en duda, la brillantez de su gestión.
   
Al nombrar estas dos instituciones, he querido significar lo mucho que calaron en mi afecto, no quiere esto decir que ignoro a otras entidades, solo expreso mi experiencia sobre las que más frecuentaba.
   
Motivada por esos recuerdos, no pude evadirme de la añoranza que me produjo la presentación de un libro y por un momento me evadí de este escenario para visualizarme subiendo al segundo nivel de Cuesta, hojeando los libros de autores favoritos, o sentada en la primera fila del lado izquierdo, casi siempre me tocaba de compañero de asiento Víctor Estrella, buen amigo, el médico amante de la Literatura, o el Poeta que además fue alumno de Hipócrates.


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