Para los que no lo conocieron y les resulta extraño su nombre y su hoja de servicio por el país, la juventud, la música y la cultura. Este insigne hombre nació en Santiago de Cuba en el año 1927, pero ciudadano dominicano desde el 1966. Se graduó en Pedagogía de la Universidad de la Habana en 1955.
Tuvo una profusa y rica producción presentada de 270 obras musicales y más de 15 libros trabajados. Este hombre de Dios, asumió el Coro Estudiantil Dominicano desde el 1968 y por casi cuarenta años de actividades brindó más 500 conciertos en todo el país, llevando la música y la educación a través de la misma, y en los rincones menos imaginados. Fue una fuente rica para artistas exitosos como: Michael Camilo, Manuel Tejada, Juan Luís Guerra, Guarionex Aquino, Frank Ceara, entre otros.
Obtuvo el primer premio en el Concurso para la Selección del Himno Nacional Oficial de los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe en Julio de 1986. Primer Premio en el Concurso convocado por el Colegio Dominicano de Periodistas para la musicalización de su Himno Oficial en el año 2003.
Obtuvo la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, por su contribución al arte coral en el país, en el año 1987.
Como pueden ver fue un dominicano como el que más y con suficientes aportes al país en post de una sociedad mejor. Era un creyente y un trabajador en la juventud y por esto tiene hoy tantos que lo recuerdan con cariño y alegría, porque siempre llevaba una sonrisa a flor de labios, en señal de que siempre estaba disponible, como Dios lo esperaba de él, como su servidor en la tierra.
Su trabajo y trayectoria en el Colegio de la Salle, tanto para Santiago, Santo Domingo, Puerto Rico, Colombia y demás, están plasmados en cada alumno de que tuvo en sus manos y paso por sus enseñanzas, tanto con el Coro como en las aulas. Todo esto significaba el gran ser humano; creyente; evangelizador; y gran educador, que era el Hermano Alfredo, como le conocí.
Recuerdo que cuando cursaba el segundo de Bachillerato en el Colegio de la Salle, fue cuando pude conocer a fondo al Hermano Alfredo. Fue quien me enseñó lo que eran las reglas de la oratoria y el improvisar en público. Fue en ese año escolar que él había organizado un concurso de oratoria, y recuerdo que al inicio del mismo, le manifesté que no creía que pudiera porque era algo tímido. Recuerdo que a pesar de que era el evaluador, me dijo: “que lo peor en la vida era cuando te rendías ante algo antes de iniciar”. Me motivó de tal forma y manera, que fui, junto a una de mis compañeras, el ganador de ese concurso, que para mi significó bastante en ese momento.
Luego de esa experiencia ya indicada, tuve una relación muy cercana con el Hermano Alfredo, y solíamos conversar de lecturas y sobre los proyectos de vida que tenía. La última vez que conversé con él, fue para el año 2010, meses después de mi atentado, en mi casa me habían dicho que el Hermano Alfredo me había tratado de localizar de forma insistente. Cuando pude conversar con él, recuerdo que lamentó mi caso, pero utilizó una de sus frases motivadores, me dijo: “Que él sabía que yo era de los hombres que podía salir de este tipo de experiencia y que confiara en Dios que El nunca me abandonaría”, Quedé de verle una vez regresara de un viaje, sin embargo, nunca tuve la posibilidad de volverle a ver.
Lamenté profundamente la partida de mi querido Hermano Alfredo Morales, un gran hombre; un mejor ser humano; un dominicano ejemplo para todos; un educador innato; un servidor del Señor; un hombre calado para el servicio y la entrega a la juventud y los más necesitados. Una pérdida para nuestro país en el ámbito cultural y del arte popular.
Le extrañaré Hermano Alfredo y siempre le recordaré con mucho cariño y respeto. Usted fue un verdadero maestro para todo quien le conoció.
