¡Por Dios! En un país tan pequeño, con una población prácticamente homogénea, obtener coherencia entre los números arrojados por una y los tabulados por las otras, con un margen de distancia tan exagerado, evidencia una tendencia a la adulteración, cuya repercusión inmediata se revierte en la propia credibilidad de estas empresas de investigación de mercados.
La defensa asumida por los representantes para justificar cuestiones evidentes en la presentación de estas muestras constituye otro escollo a superar en el futuro inmediato, si realmente se quiere contar con herramientas que sirvan para monitorear el comportamiento social, especialmente en un país donde la credibilidad en las instituciones se aprecia a cada instante.
“Hakear” alcanzó notoriedad con la hazaña de Julian Assange y los WikiLeaks, miles de documentos de todo el mundo diplomático fueron desvelados, considerados tiempo después por el Departamento de Estado como chismes, sin ninguna relevancia para alterar las relaciones de los Estados Unidos con los países aludidos en estos cables, muchos de ellos sin consistencia con los hechos que luego sucedieron en los en cada uno de estos países.
La propia expansión y revolución tecnológica ha conducido a los organismos de vigilancia a disponer de software sofisticados para hurgar entre miles de frases pronunciados en los teléfonos móviles y en los servidores, donde se almacenan las transacciones financieras de las más importantes firmas multinacionales, con lo que responden a las legislaciones, sobre lavados de activos y la propia seguridad nacional.
Ahora bien, en esa labor de “prevención”, nomenclatura utilizada para resolver cualquier tipo de ataque terrorista, constituyó la excusa para al mismo tiempo conocer las interioridades de familias, empresas, medios de comunicación, la vida de los ejecutivos de las instituciones financieras, pasando luego a exacerbar el morbo colectivo, con documentos “apócrifos”, no admisibles por el sistema de justicia, por considerarlos no fiables en su procedencia.
Los recientes ensayos de “hakeo”, en las campañas electorales de estos países con escasos juicios sobre otros aspectos nodales de la realidad social, política y económica es lo que lo hace novedoso. O acaso, ¿No se advierte un estancamiento en las propuestas presentadas por los candidatos, a un año de estar continuamente recorriendo el país con las mismas frases?
Lo explique en un artículo publicado en este mismo diario sobre el agotamiento de “Llegó Papa” y el riesgo de continuar con una slogan añejo, al tiempo de insustancial de cara a un mundo dominado por la celeridad de los mensajes y la abundancia de medios comunicación. Hakear, en consecuencia constituye un nuevo apoyo, como se tratara de ganar tiempo en algún raund de una campaña un poco agotara y monótona.
Campaña sucia. Forma parte de una temporada dentro del certamen electoral como tiempo dedicado a propiciar un espacio para hacer bellaquerías, jugar con los nervios de quienes administran la cosa pública como un patrimonio personal. Hay quienes ven en este espacio el momento para poner la nota folklórica, tan propia del escaso desarrollo político nuestro.
Quien no recuerda la maleta del Doctor Peña Gómez, alguien incapaz de osar siquiera, conversar con un capo de las drogas; el libro publicado expresamente para jugar con la imagen del actual Presidente de la República; la socorrida frase de que militares incursionan en la actividad política, en franca violación de la Constitución. Los prelados de la iglesia llamando a ser comedidos; los muertos por el desenfreno en los caravaneros; los depósitos bancarios en otros países, en fin una parte de ese largo recorrido de una campaña electoral.
