25 Junio 2017 1:19 AM

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Tuve un sueño

Josefina Almánzar

Josefina Almánzar

Josefina Almánzar | ACTUALIZADO 20.04.2017 - 7:32 pm

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Dice una canción del excelente artista puertorriqueño Danny Rivera:  “Yo tuve un sueño feliz quise hacerlo una canción y mi guitarra cogí....tra-la-la-la.....”.

Yo también tuve un sueño en el cual por unos momentos me sentí feliz porque en el vivía en un país distinto al que hoy habito.  Los ciudadanos y ciudadanas teníamos derecho a tener calidad de vida. Todos y todas teníamos acceso a la educación, a la salud, a una alimentación sana y nutritiva.
    
Nuestros problemas existenciales estaban  tan resueltos que empleábamos la cotidianidad en hacer sentir bien a nuestros prójimos, con una sonrisa, con un mensaje guardado de sorpresa en un rinconcito especial, dándole nuestra mano de apoyo en los momentos necesitados, llenando esos vacíos existenciales que todos y todas tenemos.
   
 En mi maravilloso sueño había energía eléctrica todo el tiempo, no teníamos que coger calor ni morirnos de infartos cardíacos por las altas facturaciones de la misma.  Todos y cada uno de nuestros servicios básicos estaban garantizados, hasta las compañías de teléfonos eran justas en sus facturaciones y no nos cobraban impuestos que nunca nos explicaban por más que reclamáramos.
    
En mi sueño a los ciudadanos y ciudadanas se le escuchaba, se le tomaba en cuenta. Podían manifestar sus inconformidades y protestar pacíficamente en las calles sin ser amenazados, amedrantados  y humillados por los cuerpos castrenses. En mi sueño los corruptos iban a la cárcel. Ningún funcionario público podía burlarse de la ciudadanía. La impunidad era una palabra desconocida.
    
En mi sueño los profesionales podían contratar sin ningún temor con la administración pública, sus honorarios profesionales estaban garantizados por esas teorías consagradas en el derecho administrativo, donde los particulares podían realizar contratos administrativos con el gobierno sin tener al final que suicidarse.
    
En mi sueño se cumplía la teoría de la separación de poderes propuesta por Montesquie desde 1748  y consagrada en nuestra Constitución de 1844, la cual vivimos   reclamando, anhelando que sea respetada algún día por los mismos que la modifican y reforman a su antojo.
    
En mi sueño no existía la figura presidencial centralista y paternalista que hemos tenido siempre.  El Poder Ejecutivo estaba integrado por un Consejo de hombres y mujeres capaces, dinámicos, gerenciales que habían sido preparados y preparadas para resolver  los problemas que aquejan a la ciudadanía conjuntamente con ella y en el caso de no desempeñar de la manera correcta sus funciones eran reemplazados y reemplazadas en el acto por otras personas con calidades y cualidades para ejercer su función.
    
En mi sueño todos los sobornados en el tema Odebrecht estaban en la cárcel cumpliendo una sentencia correspondiente a sus actos. La delincuencia había sido resuelta porque había dejado de ser tratada como una simple percepción de la ciudadanía.
    
Pero mis queridos amigos y amigas esto no fue más que un hermoso y feliz sueño.  La realidad se ha convertido en pesadilla y ya todos y todas la sabemos…..
 
 La autora es abogada y docente universitaria.
 


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