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Efecto Pigmalión en doble vía

Fanny Goris | ACTUALIZADO 12.07.2018 - 5:25 pm

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Indagando un poco sobre este peculiar nombre encontré que nace de una antigua leyenda: Pigmalión fue, un rey y apasionado escultor, que vivió en la isla de Creta. En una ocasión, Pigmalión modeló una estatua de marfil tan bella, pero tan bella que se enamoró perdidamente de ella, hasta el punto de rogar a los dioses para que la escultura cobrara vida y, de este modo, poder amarla como a una mujer de carne y hueso. La diosa Venus decidió complacer al escultor y darle vida a esa estatua que se convirtió en la deseada amante y compañera de Pigmalión.
     
Como vemos en la leyenda, la expectativa cargada de deseo, se hizo realidad finalmente. De ahí podemos decir que proviene la esencia de lo que queremos significar con efecto Pigmalión, que en palabras simples, se puede entender como: la creencia, que una persona tiene sobre otra, y que puede influir en el desarrollo y/o rendimiento de la misma.    
      
Para los que somos seguidores de Alex Rovira, reconocido consultor, escritor y conferencista internacional, de origen español. Quien ha vendido más de ocho millones de copias de sus diferentes ejemplares, nos resulta normal encontrar repetidamente en su discurso las expresiones: Dar alas, mirada apreciativa  o efecto Pigmalión. Pues, tanto él, como muchos otros filósofos, coaches, psicólogos, educadores, sociólogos y gestores de empresas que abordamos contenidos relacionados con este tema, coincidimos en afirmar que cada día, en nuestras vidas, realizamos acciones que suceden porque, consciente o inconscientemente, estamos respondiendo a lo que las personas que nos rodean esperan de nosotros.
    
Puede ser la expectativa de nuestros padres, de la pareja, de los hijos, de un amigo, colaborador o autoridad, lo que los demás esperan de nosotros puede desencadenar acciones insospechadas, en nosotros mismos, a partir de sus creencias y expectativas.
     
A veces nos resulta difícil comprender qué nos lleva a estar tan ciegos de nuestra propia luz y la luz de nuestra vida. En general, nos cuesta mirar y apreciar nuestros dones,  cualidades, recursos, habilidades y competencias que nos han permitido llegar a ser lo que somos hoy, y de haber construido lo valioso que hay en nuestras vidas.
     
Sin dudas, apreciar y dar gracias por lo que tenemos nos conduce hacia la verdadera felicidad, nos permite vivir de una manera más plena. Pero, por otro lado también nos puede suceder que nos encerramos tanto en nuestras convicciones que perdemos el registro de lo que el otro percibe, de lo que al otro le pasa, con lo que nos pasa.

     
Mirar apreciativamente tanto a los demás como a nosotros mismos es solamente una cuestión de elección. Es un acto de voluntad que inicia con querer desarrollar la mirada interior para ver nuestra propia luz y también para ver la de los demás. Sin dudas, el mundo fuera mejor con esta forma de mirar, de generar con el efecto Pigmalión ese combustible que nos posibilita activar tanto nuestra fortaleza como la de los demás, para vivir el presente con plenitud.
   
Una frase por ahí dice: “… Y desde niño frotando lámpara tras lámpara sin darte cuenta de que el genio eras tú”.
     
Si hoy te das cuenta que tu mirada tiene tal poder, te  invito a enfocarte en lo positivo de las personas, en sus cualidades, destrezas y posibilidades. Sin dudas, esto permitirá que el otro, active y exprese, su potencial ayudándole a conectar con su fuerza y dándole alas para que se atreva a alzar su vuelo hacia sus sueños.
  
 Yo elijo hacerlo ¿Y tú, qué eliges?







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