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Asombro ante el lenguaje humano

Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 02.09.2010 - 1:26 am

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No estamos solos. Desde el primer momento de nuestro nacimiento y durante toda nuestra vida, una parte esencial de nuestra naturaleza eminentemente social nos determina en apertura significativa hacia los demás. Nacemos en el seno de una familia, crecemos y vivimos en sociedad. Nadie es autosuficiente ni independiente en forma absoluta, en el transcurso de nuestras vidas necesitamos la conexión vital con el entorno social y la naturaleza, ponernos en común, relacionarnos, convivir, comunicarnos. Eso es muy humano.

La comunicación es el proceso por medio del cual una persona establece con otras un contacto que le permite intercambiar información para vivir, pues cada ser humano necesita compartir y expresar sus sentimientos, dar a conocer sus pensamientos, y participar sus sueños y esperanzas, en verdad y en libertad. Eso es posible por medio del lenguaje.

“Después de la supervivencia física, la comunicación es la más básica y vital de nuestras  necesidades. Incluso para conseguir su sustento, los seres humanos, han necesitado ya desde tiempos prehistóricos entenderse y cooperar los unos con los otros por medio de la comunicación interpersonal”.[1]

Y aunque algunos animales se comunican entre sí, por medio de sonidos, olores, gestos, y movimientos, como por ejemplo, las abejas, los chimpancés y los delfines. Lo hacen a un nivel estructural que se reduce a un simple intercambio biológico de señales que sirven para  informar a las crías acerca de los sitios donde se encuentra el alimento, para alertar al grupo en la defensa del habitat, para llamar la atención hacia la protección de las nuevas camadas, o simplemente para avisar que se avecina el peligro. Sus mensajes no van más allá de la satisfacción de necesidades  inmediatas que cumplen con el objetivo de la supervivencia de la especie.

Hasta ahora no hay señales de que ningún animal haya alcanzado el gran logro intelectual de los humanos de crear maneras de comunicarse utilizando las formas de un rico sistema simbólico que representa las cosas, las ideas, y los hechos por medio de signos sonoros y gráficos (palabra escrita y hablada) que pueden expresar desde los conceptos más abstractos y complejos hasta los más sublimes y elevados matices del alma humana.

Desde el momento en que las primeras evidencias revelan una sustitución inteligente de los guturales sonidos del antropoide en aquellas lejanas etapas prehumanas podemos hablar de la aparición del lenguaje como un componente esencial de la cultura. Una estructura imprescindible para objetivar nuestra percepción de la realidad, un patrón esencial para organizar la vida en sociedad.

Si la antropología ha establecido que el hombre está en el planeta desde hace aproximadamente 50,000 años, y desde esa época comenzó a perfeccionar la palabra como mecanismo de entendimiento y comunicación hasta lograr un lenguaje articulado, podemos afirmar que el lenguaje es una herencia muy antigua de la raza humana.

"Probablemente en un primer estadio, del paleolítico inferior, acompañó algún sonido al gesto; posteriormente, los gestos se hicieron más precisos y se acompañaron de sonidos verbales articulados con significación, es decir, palabras, y en un tercer estadio, las palabras sustituyeron a los gestos. ¿Cómo ocurrió tal sustitución? ¿Cómo fue que las palabras se convirtieron en signos que uniendo arbitrariamente un significante y un significado adquirieron la capacidad de representar los pensamientos ya sea oralmente o por escrito? ¿Cómo fue posible que con la sola fonación de una de una palabra llegara el hombre a aceptar que dicha emisión correspondiera fuera de él a un objeto y dentro de él, en su mente, a una idea?  

¿Cómo es posible aceptar que un vocablo represente un objeto? ¿Cómo pudo el hombre establecer una relación entre el sonido de una voz y una imagen?”[2] “En su esencia  el lenguaje está fundado en un principio de asociación. Es muy interesante observar el proceso que ocurre en la mente humana para establecer la conexión  de un concepto (el significado) y de una imagen acústica (el significante) asociación que es arbitraria, pues nadie impone de hecho ni de derecho que el animal llamado gato lleve este nombre (que en inglés se dice cat, chat en francés, y hund en alemán). Esta asociación resulta  necesaria para todos los miembros de una misma comunidad de hablantes, pues estos no la pueden contradecir sin renunciar a comprender y ser comprendidos, sin apartarse, o aislarse, en el sentido específico del término. La unidad resultante de ésta asociación es el signo lingüístico, un vuelo excepcional, prodigioso y maravilloso de la mente humana”.[3]

Que dos o más personas hablen parece un hecho natural y muy común, pero en realidad  un complejo y delicado proceso lo hace posible. Al servirse del gesto y la combinación del sonido de su propia voz para transmitir mensajes el hombre utiliza su capacidad simbólica, es decir, su aptitud para representar las cosas. Así le fue asignando a éstos elementos el valor de medios de comunicación, hasta lograr crear el más rápido, eficaz, económico, y complejo sistema de comunicación que existe, la palabra,  y a través de ésta las lenguas naturales, o idiomas y sus registros de expresión diversa que corresponden a diferentes características socioculturales marcadas por interdependencias tan estrechas que es difícil estudiar la lengua como un hecho antropológico específico.

¿Por qué, si todos empleamos el lenguaje, no todos manejamos la misma lengua?

Aunque todas las personas usamos el lenguaje para comunicarnos, no todas empleamos los mismos sonidos, ni las mismas palabras. La simbiosis entre lengua y cultura es reflejo vivo del vínculo del hablante con una comunidad lingüística determinada, con un grupo humano y los caracteres fisiológicos y espirituales de la raza, la geografía, los hábitos, las tradiciones, y las costumbres que unen a las personas en  un camino común y un mismo destino humano, pues una lengua no es un conjunto de signos aislados, sino la expresión de rasgos idiosincrásicos de pueblos que se diferencian, no sólo por su variedad étnica, usos y costumbres, sino por su singularidad idiomática.

Me causa asombro pensar en el origen de las particularidades lingüísticas de los pueblos que habitan la tierra, y saber, que independientemente de si las lenguas surgieron en distintas épocas y lugares, hoy se sabe con certeza que casi todas las lenguas que conocemos hoy, se desarrollaron desde una misma protolengua,  desde  la cual se diferenciaron los distintos troncos linguísticos por medio de separaciones y encuentros.

“Según el arqueólogo Colin Renfrew, catedrático de la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña) existieron 4 grandes hitos   

 Se dice que dos lenguas son parientes cuando se puede demostrar que han evolucionado a partir de un mismo estado lingüístico anterior, depositario de documentos escritos conservados, que permiten la reconstrucción de ese estadio, gracias al uso de métodos en los que la filología utiliza la comparación y la historia.
 
El primero que sentó las bases para el método comparativo fue el alemán Friedrich Schlegel, lo consolidan los trabajos del danés Rasmus Rask, del  alemán Franz Bopp, y del inglés William Jones. A ellos se asocian los trabajos de Grimm,  en lo concerniente al sistema vocálico, llevaron a admitir lo que Jones a principios del siglo XX había descubierto -hay grandes similitudes entre el latín, el griego y el sánscrito- es decir son lenguas emparentadas.

 Con ello se descubrió una unidad histórica que probó la tesis de Jones: hace más de 5.000 años en el norte de Europa se hablaba una lengua cuyo nombre se desconoce. La bautizaron con el nombre de Indoeuropeo, por la similitud genealógica con el léxico de las lenguas de los pueblos que vivían en las regiones de Europa occidental y el sánscrito, antigua lengua hablada en la india.

 La lingüística comparada inicia una tradición investigativa que nos explica que las lenguas del mundo llegan a un número aproximado de entre 2.500 y 2.800. Son las más importantes, de acuerdo al número de personas que la hablan, unas doce, pues responden a más de la mitad de la población mundial. Es decir, que hay unas 2,800 formas de decir “amor”.


 

 

 


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