Entre los países de América Latina que hablan el español, nuestro país está en el sótano, según una encuesta, en lo referente a la cultura y a la forma de hablar. Cada objeto o idea tiene su nombre, su identidad y aquí muchas personas sólo usan o quieren usar una sola palabra para referirse a todas, una palabra vulgar que todos la oímos con frecuencia. Me siento mal cuando la oigo: “Esa vaina” o simplemente “esa cosa”. Los niños van creciendo con esa miseria cultural. Como decíamos, nuestros medios de comunicación oral se gozan con ese lenguaje vulgar, encima, pronuncian malas palabras. Todo esto es distinto al recto uso de la libertad de expresión. A todo esto se añade la abulia de nuestro pueblo por la sana lectura, sobre todo, de libros formativos e ilustrativos. Se evade todo esfuerzo mental.
El año pasado leía en la prensa que en España, un niño o niña, además de los libros de clases, lee uno o dos más cada semana. Y según van creciendo en edad van aumentando los libros que leen. Figurémonos la cultura que tendrán a los veinte o veinticinco años. En cambio, hace como dos décadas, siendo Obispo de la Vega, visité muchos liceos secundarios públicos. Preguntaba cuántos libros, fuera de los de las clases, habían leído, y casi nadie los leía. Sólo en pocos casos levantaban la mano. Les preguntaba qué habían leído, y rápidamente se agachaban. Leí una frase muy dura de un escritor que decía que una persona que no lee no está lejos del cuadrúpedo. No dice que sea un cuadrúpedo, sino que no está lejos. Todos sabemos que sin educación y cultura no hay desarrollo en una persona o pueblo. Los medios de comunicación social, así como los Ministerios de Educación y de Cultura y los maestros deben ayudar mucho a promover la cultura y educación de nuestros alumnos y de nuestro pueblo. Tarea primordial de los maestros, y de los padres de familia en los hogares. Repetimos de nuevo la necesidad de fomentar la sana lectura.
