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Visión histórica de la reflexión estética en la Cultura Occidental de Ingrid González de Rodríguez

Fernando Cabrera | ACTUALIZADO 19.06.2019 - 4:56 pm

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Si la palabra bonhomía, don de gente, tiene una traducción corpórea, seguro que se asemeja a doña Ingrid González de Rodríguez. Sé que esta afirmación es compartida por los que hemos tenido el privilegio de tratarla. Todos tenemos alguna historia entrañable compartida con ella, en la que sale a relucir su fe, amabilidad y generosidad, así como su gran capacidad de empatía tanto con personas pudientes como humildes. A estas cualidades de su personalidad, se suma su insaciable curiosidad, esto es, su necesidad jamás satisfecha de conocimientos.
   
De manera admirable, doña Ingrid ha sabido conjugar concomitantemente sus roles de mujer y profesional. Como madre es conocida su abnegación y diligencia. Siempre atenta a las necesidades cotidianas del hogar, se ha esforzado en el cuidado de una familia modélica, procurando satisfacer las urgencias materiales y espirituales de sus hijos: Frank, Lily, María Jesús y Melany, en su propósito, sobradamente logrado, de formarlos como hijos de Dios y ciudadanos de bien.

Como esposa, reluce su incondicional respaldo a los siempre ambiciosos proyectos de don Príamo Rodríguez, especialmente a su utopía de crear un centro universitario dirigido a las personas trabajadoras, con ingresos y tiempo limitados. Hoy la Universidad Tecnológica de Santiago es testimonio del resultado exitosos de esa lucha librada por esta pareja, hombro con hombro, en bienestar de la educación superior y el progreso de nuestra nación.

A esta polifonía de compromisos y oficios, doña Ingrid suma su inquebrantable vocación de superación personal y de formación profesional. De ahí que, sobre los muchos compromisos primarios, oportunamente sacó fuerzas y robó tiempo a sus noches para lograr una formación académica sólida en la Universidad Católica Madre y Maestra, ahora Pontificia, graduándose de forma destacada, como Licenciada en Filosofía y Letras.

Una vez cumplida esta primera fase de su profesionalización, y con la incursión de don Príamo en otras áreas empresariales, surgió la oportunidad de que doña Ingrid se incorporó a la dinámica diaria de La Información, logrando con su entusiasmo, junto a un brillante equipo de profesionales de la comunicación, aportar a la preservación del legado centenario del más antiguo y tradicional periódico del país, patrimonio social, cultural e imprescindible voz de Santiago y el Cibao.

A sus buenas relaciones interpersonales y a su extraordinaria vocación de servicio debe, en gran medida, ese matutino, el crecimiento en el aprecio de lectores y clientes, que mantienen viva la costumbre de, tras cada sorbo de aromático café, buscar en sus páginas las primeras noticias para arrancar con buen pie las obligaciones del día.
No obstante el esfuerzo para cubrir las necesidades de una familia en crecimiento, los retos y la fuerte demanda de expansión de esta la Universidad Tecnológica de Santiago, así como la continua atención requerida por La Información para mantener el equilibrio entre la justicia, la verdad, y los intereses sanos de los diferentes sectores de la sociedad, doña Ingrid, con el ánimo y la templanza que la caracteriza se enfrascó, en años recientes, en desarrollar sus competencias intelectuales y académicas, asumiendo el desafío de realizar estudios especializados en las áreas de conocimiento que la apasionan, como son la filosofía, las artes y la comunicación.

Por años, a través de su columna periodística Reflejos, y en sus libros publicados, doña Ingrid venía publicando trabajos humanísticos, crónicas culturales e investigaciones literarias y artísticas. De ahí que sintieran la responsabilidad de profundizar en metodologías que le permitieran seguir comunicando y formando al numeroso público lector que la sigue, así como a los estudiantes que asisten a las clases y conferencias que regularmente ofrece. Como resultado de esa inquietud, se matriculó en el Instituto de Humanidades de Madrid, cursando y terminando exitosamente, un Máster, cuya tesis investigativa, “Visión histórica de la reflexión estética en la cultura occidental” que, afortunadamente, ha sido preservada en un libro.

Se trata de un hermoso volumen que ilustra a la vez que conmueve. Con prólogo de don Príamo Rodríguez, diseño de portada de Melany Rodríguez González y diagramación, diseño y arte final de Ana Svethania Gómez, la obra cuenta con cuatro separatas básicas en las cuales doña Ingrid celebra la esencia reflexiva y trascendente que nos distingue como seres humanos, a saber: aproximación a la estética, profundización en los conceptos del arte y la belleza, puntualizaciones filosóficas y visiones de los horizontes clásico, cristiano-medieval, moderno y posmoderno que definen la cultura occidental, y, por último, referencias claves acerca del arte pictórico del siglo XX.

Estamos, pues, ante un monográfico bien logrado, hecho con coherencia y fluidez, en el cual, reitero, en un apretado recorrido de doscientas treinta y una páginas a través de la historia, los esquemas filosóficos y las obras artísticas creadas en diferentes épocas, doña Ingrid documenta las inquietudes de la humanidad en torno a la belleza y, por qué no, en torno al sentido último de la vida. Celebremos, pues, estas provocaciones fruto de su intelecto y de su esfuerzo.  




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