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El tiempo, sustancia del Universo

El tiempo, sustancia del Universo

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 11.07.2018 - 9:24 pm

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La humanidad no se ha limitado a conocer las cosas sino que ha deseado saber su fundamento último. La filosofía ha tratado de dar respuestas a las preguntas de siempre. ¿Puede el hombre conocer la verdad? ¿Qué es el hombre? ¿Es seguro el conocimiento científico? Todas estas interrogantes se resumen en las muy divulgadas preguntas formuladas por Kant: ¿Qué puedo conocer? ¿qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?  
 
Las preguntas anteriores se enmarcan en dos más generales: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es lo real?
 
“Lo real es lo que se manifiesta como lo más cercano, como objetividad y como presencia. Nos encontramos con la realidad desde el momento en que tomamos conciencia de que vivimos entre las cosas y que estas nos requieren (…) Preguntarse por la realidad significa trascender la realidad cotidiana en la que se da un mundo de objetos y de presencias personales. Es necesario cuestionarse lo real para organizar la vida de acuerdo a una determinada orientación. La posibilidad de plantearse el problema de la realidad diferencia a los humanos de los demás seres. El primer encuentro del hombre con la realidad se produce espontáneamente por el hecho de vivir entre las cosas conocidas. Los sentidos son pues, los primeros colaboradores de nuestro acceso a la realidad. Pero los sentidos no bastan, es necesario aplicar la razón, buscando un saber conceptual y abstracto (…) El papel de las teorías es nuestro modo de acceder a la realidad es una de las claves del conocimiento de la misma. El sujeto se relaciona con las cosas a través de las mediaciones que constituyen las teorías (…) Las dos teorías filosóficas clásicas que han confrontado sus posiciones acerca de lo que sea la realidad son: el realismo, que afirma una realidad fuera del sujeto, y el idealismo, que excluye toda realidad fuera de nuestra mente. La cuestión de la realidad debe plantearse en su dimensión metafísica (ontológica) en cuanto hay que indagar la realidad en sí, y en su dimensión gnoseológica, en cuanto hay que estudiar la posibilidad y los modos de conocer la realidad”.
 
“Una teoría (del griego θεωρία theōría) es un sistema lógico-deductivo constituido por un conjunto de hipótesis, un campo de aplicación (de lo que trata la teoría, el conjunto de cosas que explica) y algunas reglas que permitan extraer consecuencias de las hipótesis”.
 
 Resaltamos el papel de las teorías en la comprensión humana de lo real, como construcción especulativa que refiere las consecuencias a los principios. Opuesta a la práctica, la teoría consiste en un conocimiento desinteresado e independiente de sus aplicaciones. También es opuesta a la certeza y comprobación de la ciencia pues es una construcción hipotética que no sitúa en un marco extraño el ser que se trata de conocer (como medio para el perfeccionamiento del hombre) En ella se hace presente el ser del ente como forma y estructura del espíritu divino que se despliega en estas configuraciones ideales sintetizantes cuya primaciá es el logos.
 
El acto de la teoría que contempla y lo contemplado por ella son así similares e idénticos como acto y fluir del espíritu y del pensar que se piensa a sí mismo. Cuando una teoría queda confirmada por el experimento deviene en ciencia.
 
“Las dos teorías filosóficas clásicas que han confrontado sus posiciones acerca de lo que sea la realidad son: el Realismo, que afirma la realidad fuera del sujeto, y el Idealismo, que excluye toda realidad fuera de nuestra mente. El Realismo afirma que los objetos (las cosas) existen fuera de los sujetos. El Idealismo mantiene que las realidades (las cosas) son modalidades del pensamiento (del sujeto, del yo). El problema metafísico se plantea cuando intentamos aproximarnos a la realidad buscando su naturaleza, su existencia concreta, sus notas distintivas que la diferencian de la esencia, la apariencia, la posibilidad, etc. El otro es, el problema gnoseológico, se plantea cuando nos cuestionamos si nuestro conocimiento de la realidad tiene algo que ver con ella, si es reflejo o causa de la misma”.
 
A lo largo de la historia del pensamiento, las dimensiones (Espacio- Tiempo- Movimiento) han sido tema de la reflexión filosófica. La comprensión de lo real no es posible sin tal reflexión.
 
El debate sobre la naturaleza del tiempo
 
Ya en la antigua Grecia varios pensadores debatían acerca de la naturaleza del espacio y el tiempo. (Heráclito, Platón y Aristóteles). Posteriormente, San Agustín (354-430), Newton (1642-1727) y Emmanuel Kant (1724-1804) aportan sus meditaciones sobre la naturaleza del tiempo. En el siglo 20  tuvieron lugar numerosos descubrimientos sobre las leyes fundamentales de la naturaleza y el universo. Nietzsche, Bergson, Russell, Heidegger  y Wittgenstein expresaron sus concepciones sobre el tiempo.
 
Figura clave del siglo XX en la reflexión sobre el tiempo y la materia es Albert Einstein (1880-1955), quien revolucionó la física con su teoría de la relatividad que completaría, diez años después, con la teoría de la relatividad general.
 
Fernández, Llorens, y Ortega (1997) explican: “El punto de partida de esta grandiosa teoría fueron los estudios de A.E. sobre la luz. Por ejemplo: Cualquier cuerpo en movimiento al ser frenado continua ya con menor velocidad. Un rayo de luz al pasar por una placa de cristal disminuye su velocidad, pero la recupera otra vez. Einstein llegó al convencimiento de que la velocidad de la luz (300.000 km/s) era una constante del universo. Hasta entonces el tiempo había sido considerado esa constante, algo invariable. Einstein demostró que el tiempo es relativo, depende de la velocidad del espectador. El descubrimiento de la relatividad del tiempo es una de las más grandes conquistas del pensamiento humano y ha situado a Albert Einstein entre los titanes de la ciencia. El tiempo, como el espacio se ha convertido en una dimensión más, cambiante del universo. Einstein reflexionando sobre la sustancia de la que está formado el universo –pregunta que se han hecho los científicos desde la Grecia clásica- llegó a la conclusión de que es la sustancia espacio- tiempo.  Pues los objetos y los cuerpos son curvaturas de una sustancia única (espacio-tiempo). En los siglos XIV y XV se discutía si la tierra era redonda o plana, los viajes de la navegación demostraron la razón de los que pensaban que era redonda. De la misma manera han discutido los físicos en el siglo XX sobre si el universo era plano o curvo. Einstein se inclinó por la segunda posibilidad. La curvatura de la luz de las estrellas que ha podido ser fotografiada, parece una prueba. Si el espacio es curvo, un cuerpo que lo recorriera terminaría por volver al mismo sitio (como en una esfera) La mayoría de los cosmólogos aceptan esta teoría. Con las teorías científicas de Einstein ha cambiado la concepción del tiempo, de la sustancia primordial, de la forma del universo. Son conquistas asombrosas de la inteligencia. La ciencia inició su increíble revolución”.
 
Las teorías de la relatividad especial y la relatividad general de  Einstein fueron formuladas en 1905 y 1915, respectivamente y son dos teorías fundamentales de la física moderna. A partir de “La Relatividad” surge el modelo matemático que combina el espacio, el tiempo y la energía, en una continuidad interrelacionada e inseparable que describe de forma exacta el contexto en el que  se desarrollan todos los eventos físicos del universo.
 
Llama la atención el contenido conceptual verdaderamente revolucionario de ambas teorías, su carácter paradójico y lo insólito de sus predicciones casi esotéricas, como el big bang y los agujeros negros. En cuanto a la filosofía, siempre se interesará por comprender lo real, es decir,  por las teorías que hacen del espacio y del tiempo (las formas apriori del conocimiento de Kant) y del propio universo en si mismo, un conjunto de objetos físicos y abstractos, cuyo devenir está determinado por leyes matemáticas.
 
Dichas leyes las hizo DIOS, y por eso estamos aquí, en este universo asombroso conformado miles de “cúmulos galácticos”, o agrupaciones masivas  de galaxias entre las que se encuentra “La vía Láctea”, una entre 140.000 millones, con la tierra entre sus planetas mayores, junto a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, y Saturno.
 
“Desde la prehistoria, el hombre ha sido consciente de que los planetas existen y son diferentes de las estrellas. Los planetas, llamados así por la palabra griega que significa “errabundo”, migran por el cielo nocturno a través del inmenso telón de fondo de las estrellas. Todas las noches las estrellas forman los mismos patrones. Todas sus constelaciones giran unidas alrededor de los polos norte y sur y cada estrella describe a diario un círculo en el cielo. Sin embargo, las posiciones de los planetas respecto a las estrellas varían ligeramente cada día, siguiendo una trayectoria inclinada por el cielo, a la que se llama plano de la elíptica. Al girar alrededor del sol, todos los planetas se mueven en el mismo plano, que se proyecta como una línea en el cielo”.
 
Es el movimiento y la sincronía de lo perfecto, la proyección asombrosa de nuestro sistema solar. ¿En que momento empezó todo? ¿Hasta cuándo durará? Estas son las  preguntas que nos colocan frente al eterno misterio del tiempo, el espacio y el movimiento, y su comprensión desde el punto de vista de la ciencia y la filosofía.
 
ingridderodriguez@hotmail.com
 



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