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El lenguaje, un hecho cultural

El lenguaje, un hecho cultural

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 05.09.2018 - 9:07 pm

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No estamos solos. Desde el primer momento de nuestro nacimiento, y durante toda nuestra vida, una parte esencial de nuestra naturaleza eminentemente social nos determina en apertura significativa hacia los demás. Nacemos en el seno de una familia, vivimos en sociedad; nadie es autosuficiente ni independiente en forma absoluta. En el transcurso de nuestras vidas, necesitamos la conexión vital con el entorno humano y la naturaleza. Relacionarnos, convivir; comunicarnos, eso resulta imprescindible para nosotros.
 
“Después de la supervivencia física, la comunicación es la más básica y vital de nuestras necesidades. Incluso para conseguir su sustento los seres humanos, han necesitado ya desde tiempos prehistóricos entenderse y cooperar los unos con los otros por medio de la comunicación interpersonal”.
 
La comunicación es vital incluso para los animales; algunos animales se comunican entre sí por medio de sonidos, olores, gestos, movimientos; como por ejemplo las abejas, los chimpancés y los delfines, lo hacen a un nivel, que se reduce a un simple intercambio biológico de señales, sirve para  informar a las crías acerca de los sitios donde se encuentra el alimento, alertar al grupo en la defensa del habitat, llamar la atención hacia la protección de las nuevas camadas, o, simplemente, para avisar que se avecina el peligro. Sin embargo, sus mensajes no van más allá de la satisfacción de necesidades inmediatas que cumplen con el objetivo de la supervivencia de la especie. Hasta ahora no hay pruebas de que ningún animal haya alcanzado el gran logro intelectual de los humanos: crear maneras de comunicarse utilizando las formas de un rico sistema simbólico, en representación de las ideas y las cosas.
 
Los seres humanos nos comunicamos con los demás mediante el lenguaje. Desde el momento en que las primeras evidencias revelan una sustitución inteligente de los guturales sonidos del antropoide, en aquellas lejanas etapas prehumanas, podemos hablar de su aparición como un componente esencial de la cultura. Más aún el progreso y desarrollo cultural de la humanidad dependen en gran medida del lenguaje y a él se debe el nivel de ordenamiento y comprensión de la realidad, que como especie humana hemos alcanzado. 

Sapir (1992) afirma: "El habla es un hecho tan familiar de la vida de todos los días, que raras veces nos preocupamos por definirla. El hombre la juzga tan natural como la facultad de caminar, y casi tan natural como la respiración. Pero sólo hace falta un instante de reflexión para convencernos de que esta "naturalidad del habla es una impresión ilusoria. El proceso de adquisición del habla es en realidad algo totalmente distinto del proceso de aprender a caminar. En este último caso la cultura-o en otras palabras, el conjunto tradicional de hábitos sociales no entra propiamente en juego. Cada niño está preparado, por el complejo conjunto que llamamos herencia biológica, para realizar todas las adaptaciones musculares y nerviosas que producen el acto de caminar. En sentido muy concreto puede decirse que el ser humano normal está predestinado a caminar. Dicho sucintamente el caminar es una función biológica inherente al hombre. No así el lenguaje. Es claro, que desde luego, en cierto sentido el individuo está predestinado a hablar, pero esto se debe a la circunstancia de que ha nacido no sólo en medio de la naturaleza, sino también en el seno de una sociedad que está segura- y con toda razón, de hacerle adoptar sus tradiciones. Eliminemos la sociedad, y habrá todas las razones para creer que aprenderá a caminar, dando por supuesto que logre sobrevivir (sin sociedad). Pero igualmente seguro es que nunca aprenderá a hablar, esto es a comunicar ideas según el sistema tradicional de una sociedad determinada (...) El habla es una actividad humana que varía sin límites precisos en los distintos grupos sociales, porque es una herencia puramente histórica del grupo, producto de un hábito social mantenido largo tiempo. Varía del mismo modo que varía todo esfuerzo creador, quizá no de modo tan consciente, pero en todo caso de modo tan verdadero como las religiones, las creencias, las costumbres y las artes de los diferentes pueblos".

ingridderodriguez@hotmail.com
 



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