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Leyendo, desciframos el sentido del mundo

Leyendo, desciframos el sentido del mundo

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 09.09.2018 - 6:24 pm

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La gran importancia del libro en nuestras vidas y la manera en que desciframos el sentido del mundo leyendo es el tema de esta columna  sobre el origen del libro y su evolución a través del tiempo. Para lograr tal objetivo es necesario un breve recuento de la historia del libro desde su primera aparición en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia con las tablillas de barro sumerias, pasando por los rollos egipcios hechos con el papiro que crece a orillas del río Nilo, hasta llegar al invento de la imprenta por Gutenberg a mediados del siglo XV, y el libro impreso en papel por medio de caracteres móviles, de donde pasamos al libro contemporáneo en la pantalla del ordenador, y las nuevas modalidades de la lectura  en la época actual, relacionadas con las condiciones ineludibles que la racionalidad productivo- instrumental y técnico- científica imponen al ser humano de nuestro tiempo.  
 
Por otra parte me voy a referir a la habilidad de la lectura como un hecho imprescindible en la sociedad globalizada de hoy, en la cual, la gran cantidad de comunicaciones escritas con las que debemos lidiar a diario nos impone desarrollar la capacidad de interpretar los escritos de forma correcta. De ahí que es necesario saber leer eficazmente, dado que la lectura es el medio más rápido y fácil que tenemos para  acceder a la información y el conocimiento, y por tanto, a la libertad.
 
Antecedentes históricos del libro
 
Leemos durante todo el transcurso de nuestra vida. A lo largo de la historia la humanidad ha venerado el libro como símbolo del saber y la cultura, algo supremamente valioso, un objeto que guarda la sabiduría humana y los secretos del universo, el antídoto más seguro contra la ignorancia,  un bien cultural indispensable para comprender el mundo en el que vivimos y pensar por nosotros mismos.
 
El libro es uno de los más grandes inventos de la humanidad, basado en otro más extraordinario aún -el lenguaje escrito- a su vez, fruto de la capacidad humana de otorgar valor de signo a las ideas y el pensamiento. La mayoría de lo que pensamos es íntimo monólogo, y al pensar, más que manejar ideas, manejamos las etiquetas de esas ideas, que son las palabras en su forma oral o escrita. Ellas representan la utilidad del lenguaje, el maravilloso instrumento de la comunicación humana. Son portadoras del mensaje y se combinan para expresar ideas, generar emociones, armonizar nuestro pensamiento, comunicarnos con los otros, cumpliendo su función de ordenar el mundo interno y externo del hombre. Las palabras son capaces de combinaciones infinitas para objetivos infinitos. Se derraman en el papel  formando el libro, obra del ingenio humano que transformó el mundo.
 
Ciencia, arte, conocimientos, pensamientos, ideas, también las pasiones y las emociones se convierten en signos perdurables en los textos literarios por medio de los grandes temas universales que accionan la imaginación del escritor: el amor, la soledad, la muerte, la libertad, el sufrimiento, la lucha por la justicia, la compasión, la conciencia moral, la literatura encarna significados a través de la connotación y la magia de las palabras.   

Las tablillas de barro en Mesopotamia

Los antecedentes históricos del libro se encuentran en la más remota antigüedad, situándose su origen en las  tablillas de barro de la civilización sumeria que vivió en una extensa región del próximo oriente delimitada por las cuencas de los ríos Tigris y Éufrates, en el año 4.000 A. C. Sobre estas tablillas (cuando aún estaban frescas, antes de cocerse al horno) se grababan los signos gráficos en forma de cuña de la escritura cuneiforme. Las mismas contenían, desde los relatos de los sacerdotes y cronistas reales, libros jurídicos como el código de Hammurabi,  textos científicos y poéticos como la epopeya de Gilgamesh, hasta recetas de cocina. Los sumerios no solo inventaron la escritura sino que desarrollaron conocimientos matemáticos – el cálculo sexagesimal, las cuatro reglas de la aritmética- y, principalmente la astronomía y la astrología, por estos conocimientos descubrieron los cinco planetas observables sin telescopio, pudieron predecir los eclipses y crearon un calendario de 365 días. Gracias al empleo de la escritura ha quedado documentado el testimonio de este pueblo, creador de esta primera civilización urbana, la cual, dejó textos ordenados que servían de guía a la sociedad como el famoso código de Hammurabi, a la vez que eran fuentes importantísimas para el desenvolvimiento de la vida en común.
 
En segundo lugar tenemos que los egipcios fabricaron, utilizando la planta del papiro, un lejano antecedente del papel. Dicho vegetal crece a orillas del río Nilo, y servía para fabricar las largas tiras que se enrollaban alrededor de un palo de madera y se pegaban con cola a varias hojas unas después de otras. Luego se escribía sobre ellas en columnas verticales formando lo que se podría llamar páginas. Cada una tenía la misma cantidad de líneas y  por razones prácticas de orden y comodidad, las tiras  se mantenían enrolladas. Como la materia del papyrusera delicada, todo se envolvía en un cilindro de madera con el cual se formaba el volumen.Su uso se mantuvo por mucho tiempo y se introdujo en occidente a través de Grecia en el siglo VII antes de Jesucristo. Se escribió sobre papiro en copto y latín  egipcio, griego y árabe. Había escribas que se dedicaban a copiar los rollos que después se protegían con telas y llevaban una etiqueta con el nombre del copista… Un proceso lento y costoso, por lo que solo las personas con un amplio poder adquisitivo podían darse el lujo de poseer un libro. La mayor parte del conocimiento y el saber se transmitía oralmente y debía ser retenido en la memoria.
 
Los antiguos rollos de Papiro con largos textos en escritura jeroglífica se podían leer desenrollando a veces hasta cuarenta metros de largo. Constituyen ejemplares emblemáticos algunas obras escritas, como “Los textos de las Pirámides”, el “Himno de Atón”, y el “Libro de los Muertos”, se conservaron como ejemplo de los primeros libros, llegando a formar parte de notables bibliotecas como la de Tebas y Karnak. Con el tiempo el material que se usaba para escribir los libros fue cambiando, debido a que las tabletas y el papiro se deterioraban fácilmente. En sitios donde no crecía el junco (planta de donde se obtenía el papiro), se escribía sobre pieles secas de animales llamadas pergaminos. Estos se pegaban y podían contener escritura por ambos lados. En el siglo IV aparecieron los códices, que no eran más que cuadernillos de hojas de madera cubiertas de cera en las que se escribía con algo afilado, pudiendo el escribidor borrar después. Estos cuadernillos se colocaban entre dos planchas de madera y se sujetaban con correas. Ofrecían más comodidad que el papiro, pues permitían al lector encontrar fácilmente el texto que buscaba; de hecho, era una especie de libro formado por varias hojas y una espina dorsal parecida a la de los volúmenes y ejemplares utilizados actualmente.
 
Luego aparecieron los manuscritos, los verdaderos ancestros del libro. Fue trascendental en el siglo XV de nuestra era la aparición del libro  tal como lo conocemos hoy. El invento de la imprenta por el alemán Johannes Gutenberg trajo causó gran impacto, trayendo como consecuencia inmediata la popularización del libro, y con ello  la difusión del conocimiento y la extensión de la alfabetización. Desde la revolución industrial, la edición de libros es un proceso mecanizado que permite tiradas en serie a precios muy asequibles a todos los públicos. Por fin, los libros dejaron de ser objetos inalcanzables convirtiéndose en parte de la vida cotidiana y el mejor ejemplo de “tecnología especializada”, al alcance de todos. Recordemos que un libro puede contener más información de la que cualquier lector puede asimilar, no necesita electricidad y puede fácilmente llevarse a cualquier lugar. Recordemos que una sola palabra de un libro puede contener el mundo. La inteligencia humana es capaz de encerrar en el universo, y sus 140, mil millones de galaxias en un sencillo símbolo que se escribe o se pronuncia con gran facilidad: cosmos. Todo lo puede asociar la inteligencia, por medio del signo lingüístico, al reducir las cosas y los seres a letras o sonidos, liberándolos de las medidas, el peso, o en el caso de la palabra cosmos de susgigantescas dimensiones. ¡Una verdadera maravilla¡ 

ingridderodriguez@hotmail.com
 
 



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