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¿“Riferos” sin Ley?

ACTUALIZADO 24.05.2017 - 6:57 pm

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El contexto de la economía mundial ha impuesto en nuestros países el modelo de economía neoliberal en su versión extrema, que considera que el Mercado basta para producir el equilibrio dinámico de la economía con equidad y valores.  Bajo esas orientaciones el “dejar hacer” y el “dejar pasar” para que todos de forma libre hagan lo que quieran, en un país subdesarrollado y pobre como el nuestro y con valores propios de la “cultura de la pobreza”, va dando lugar a una serie de fenómenos de descomposición social y conductual que reducen las posibilidades de desarrollo y de una sana convivencia.  
   
Por ejemplo, la transformación del país en las últimas dos décadas, ha traído consigo la descomposición moral de la clase política y gobernante; la tendencia a la violación de la Ley y de las buenas costumbres; el desorden en las relaciones sexuales y la secuela de problemas que ello acarrea; la violencia de género y el feminicidio; la criminalidad y delincuencia, así como el desorden institucional que se refleja en la corrupción y la impunidad que marcan un modo de vida y de trabajo pervertido. Asimismo, se han agravado los problemas en la economía de lo ilícito y del contrabando; la evasión y la elusión fiscal; la falsificación de productos incluyendo las medicinas, entre otros tantos problemas que tienen lugar en una sociedad y una economía dominadas por el “libertinaje”.
   
En este nuevo orden los valores se han invertido hasta hacer que la gente y los gobernantes confundan la capacidad delictiva con virtudes y cualidades que merecen ser reconocidas en ciudadanos que han operado como verdaderos maleantes, mientras se consideran “tontos” aquellos que por su formación siguen aferrados a ideales pertenecientes al mundo de los valores y de las buenas costumbres como criterios de vida.
   
Se puede entender, entonces, por qué la sociedad política, descompuesta como se encuentra, está dispuesta a sucumbir frente a un sector como el de las bancas de apuestas y de rifas, privilegiándolo al dejarlo fuera del alcance de la nueva Ley de antilavado, sabiéndose que desde ese sector los evasores y los narcotraficantes, entre otros delincuentes, encuentran una ventana para sus operaciones de expansión y acumulación de riqueza. En ese orden, no se repara en la perversión que significa dejar libre la operación de un renglón de la economía sobre el cual se construye una “cultura azarosa”, que difunde la idea que el logro de recursos, dinero, se habrá de alcanzar mediante el juego de azar, en vez del trabajo productivo y metódico.
   
La expansión de la banca de apuestas y de rifas, no solo fortalece esos antivalores, sino que da lugar a la emergencia de un sector que por manejar recursos financieros bien o mal habidos, da lugar a elevar a un sector que por dinero ha logrado escalar hasta tener representación en los órganos del Estado, integrándose como sustentadores financieros de la nueva clase gobernante para desde ahí imponer esa cultura azarosa de los juegos de azar.

¡Se impone, pues, someter a la Ley a los “riferos”!   



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