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Editorial

Gestión tradicional del agua

ACTUALIZADO 19.03.2019 - 7:21 pm

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La sequía que abate gran parte del territorio nacional y que ha hecho estragos en los pueblos de la Línea Noroeste, pone de relieve la gestión tradicionalista e irracional para el manejo de un recuso como el agua que es básico para sustentar una estrategia de desarrollo.  
    
En las economías dinámicas y modernas, el crecimiento de la economía exhibe una curva ascendente y progresiva del crecimiento del producto, como consecuencia de la aplicación de las innovaciones tecnológicas continuas que aprovechan los recursos disponibles, siguiendo la teoría racional de la acción humana.
   
Por el contrario las naciones que son regidas por la tradición y además de escaso nivel tecnológico, están expuestas a que el crecimiento de la producción económica dependa de los fenómenos naturales: si hubo lluvias habrá buenas cosechas; si por el contrario hubo sequía la producción se cae y habrá calamidad para la población.
   
Es lo que se está viviendo en las comunidades de la Línea Noroeste, donde los productores ven perder su ganado y su agricultura, por efecto de la gran sequía que castiga esa región. Los vaticinios que hablan de la prolongación de la sequía por más de dos meses, presagian una gran calamidad en la economía  de esa zona del país, que empeorará las condiciones de vida de esa gente.
   
Ante esa espantosa realidad el Gobierno debería concebir y poner en marcha un plan de mitigación para remediar los males que causa y seguirá causando la sequía, de manera que los productores de esa zona, puedan recuperarse más allá de la sequía. La situación de esos pobladores “es grave y además desesperante”.
   
Pero la calamidad que trae consigo el fenómeno natural, debería servirnos de lección para una orientación de políticas públicas de más elevada importancia y racionalidad que la simple adopción de un plan contingente tradicional de mitigación. El gobierno y la clase política deberían dar un salto al plano de la racionalidad para que se retome el plan nacional de presas, plan que se paralizó luego de la última presa que se construyera en Monción, la cual se puso en operación hace ya unos 20 años.
  
A partir de esa obra, los gobiernos han hecho otros intentos que hasta ahora se encuentran abandonados y en lenta ejecución como son la Presa de Monte Grande, Guaiguí y Bao-La Placeta. Otras presas como las de Guayubín y Amina, solo existen en carpeta y no se vislumbra por el momento su ejecución.
   
La lentitud y/o abandono del plan de presas habla muy claramente de la irracionalidad de los gobiernos en la ejecución de sus planes de inversión pública, que no atinan a priorizar aquellos proyectos dirigidos hacer un uso racional de los recursos naturales de que dispone el país.
   
Por ejemplo en materia de agua, este recurso se desperdicia como factor de desarrollo en cerca de un 80%, con lo cual se evidencia un comportamiento tradicionalista e irracional de parte de nuestra clase política, que prefiere gastar grandes volúmenes de recursos financieros en la estrategia clientelar y en la corrupción, con el objetivo de “comprar” popularidad y con ello se desaprovechan las oportunidades del país.   

¡Seamos racionales: aprovechemos el agua y evitemos los males de la sequía! 


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