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Arrogancia y ambición de poder

ACTUALIZADO 24.06.2019 - 6:47 pm

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La articulación de la arrogancia y la ambición de poder alejan a quienes controlan las estructuras y superestructuras del Estado del pueblo, porque se convierten en “egoístas”, debido a que concentran su ejercicio en intereses particulares y la acumulación de riquezas.
  
Para nada les importa la problemática social y económica que afecta a la población, en vista  de que sus objetivos se enmarcan en aspectos personales; con ese comportamiento deshumanizan la administración pública.
   
El engreimiento y la codicia aprisionan a los políticos que llegan al poder con una agenda que se sustenta en el afán  de enriquecerse, aunque la gente se sumerge en un ambiente inhumano.
   
Tiene mucha razón el papa Francisco al criticar la arrogancia, la ira y la ambición de poder de quienes están en la cima, debido a que esa conducta perjudica a la inmensa mayoría, pues se ignoran las necesidades esenciales de la gente.
   
Se impone la reflexión de los poderosos, a fin de adquirir conciencia de la importancia de humanizar el poder y ejecutar programas y políticas que se sustenten en equidad, justicia social, libertad, solidaridad e igualdad.
  
Además, es preciso cultivar la cultura de compartir riquezas y bienes, ya que solo de esa manera se garantiza el bien común y la felicidad de la humanidad;  los líderes deben encarar con responsabilidad los desafíos en esa dirección.
   
Hay un divorcio entre lo que prometen los políticos y la práctica, lo que se expresa en marginación, desolación, abandono, violación de los derechos fundamentales,  pobreza, hambre, desempleo e insalubridad.
   
“Es triste ver, -afirma su Santidad- con qué facilidad hoy se maldice, se insulta, se desprecia; presos excesivos de arrebato, no se consigue aguantar y se descarga la ira con cualquiera y por cualquier cosa”. Esa es una verdad muy lamentable, porque a diario golpea a una población indefensa.
   
El mundo necesita regímenes políticos justos, los cuales aseguren distribución equilibrada de las riquezas y el respeto de los derechos humanos.
   
La población está hambrienta de amor y de atenciones, situación que la hunde en la degradación, abandono y el olvido; la ciudadanía debe asumir una cruzada en busca de lograr la modificación del sistema arbitrario e infrahumano, puesto que debe clamar por su dignidad.
   
Millones de personas necesitan trabajo, alimentos, salud, educación, sana diversión y bienestar socioeconómico, necesidades vitales para la convivencia pacífica y el bien común.
   
Corresponde a los líderes superar la apetencia y la soberbia y, en cambio, actuar con sencillez, humildad, vocación de servicio y voluntad política, en procura de satisfacer las necesidades apremiantes de la población.
Que se humanicen, pues, los estados por la felicidad de la humanidad.
 

Irritación colectiva


Escasez de agua y constantes suspensiones del servicio energético irritan a las familias dominicanas, debido a que esos dos servicios son claves para vivir con tranquilidad y en un ambiente estable.
   
Urge que las autoridades garanticen el suministro de agua y de electricidad, ya que es su deber ante la sociedad, porque esa es su misión institucional.
La normalización de esos servicios es determinante para la paz social.
 


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