Tal vez las diferencias sean semánticas, pero lo cierto es que quien transita hacia el Noroeste de la República sabe que se ha avanzado muy lentamente en los trabajos de reparación de la vía utilizada, comenzados hace bastante tiempo y cumplidos en forma parcial y con labores que en ocasiones deben ser reiniciadas puesto que entre el tráfico vehicular y las esporádicas, aunque fuertes lluvias, contribuyen a deshacer lo realizado.
Cabe que se tome la palabra a los funcionarios que han señalado que las obras no se han descontinuado y que bajo el compromiso de que esas palabras auguran una labor más dedicada, se labore por trechos específicos, sobre todo al nivel de las poblaciones erigidas junto a la vía, de manera que sientan menos el impacto del polvo sobre el tracto respiratorio de niños y ancianos -y de todos los demás, por supuesto- y sobre el mobiliario casero, sujeto a daños debido a la situación que deriva de la lentitud en alcanzar el objetivo clave que es rehabilitar la importante vía que conduce hacia la Línea.
Lo Malo
En la furia expresada por moradores de las poblaciones crecidas junto a los bordes de la carretera que conduce hacia la Línea Noroeste, pagaron los árboles sembrados hace poco más de veinte años por el esfuerzo de los síndicos de Laguna Salada y alcaldes pedáneos de las demarcaciones seccionales de la jurisdicción; y si bien es cierto que esos árboles eran de la familia de las leguminosas de rápido crecimiento como leucaenas y acacias, no es menos cierto que a lo largo de varios años contribuyeron a ofrecer sombra y a transformar el monóxido de carbono expelido por los numerosos vehículos que transitan por la región.
Esa misma furia destructiva debe externarse ahora, a lo largo de los días siguientes, para que, con el auxilio del Ministerio de Estado de Medioambiente y Recursos Naturales que ofrezca plántulas de éstas y otras especies, vuelva a tornarse verde el paisaje de los bordes carreteros y que aún en otros lados de la prolongada vía, sean sembrados árboles frutales y maderables que puedan ser aprovechados en futuro cercano, por hijos y nietos de quienes ahora talaron como expresión de protesta porque no se ha terminado la reconstrucción de la carretera.
