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Reto de órganos electorales

ACTUALIZADO 21.05.2019 - 7:53 pm

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La dura competencia por el poder encierra un serio desafío para la institucionalidad constitucional y legal. Quizás nunca como ahora los órganos que regulan al sistema de partidos se han visto tan exigidos por los litigios de los partidos. En esa situación se encuentran la JCE, el TSE, el TSA, y el TC. El problema se ha hecho más complejo no solo por el nuevo marco legal que rige el sistema electoral, sino por el nivel de conflictividad en que han caído los partidos.
   
En este orden sobresale la lucha interna en el partido de gobierno que hace inminente la división del más importante partido del sistema. De igual manera se presenta la larga lucha interna en el otrora partido de la oposición, el PRD, cuya dirección le fuera anulada por el fallo último del Tribunal Superior Electoral.
   
El conflicto interno del PLD, partido de gobierno, tiene su origen en la aspiración del expresidente Fernández, simultáneamente con la aspiración del actual presidente Medina y de su grupo que también aspiran a la reelección, a pesar que el marco constitucional le prohíbe su repostulación para las elecciones del 2020.
   
Esas aspiraciones en conflicto, son vistas desde una óptica puramente personal derivada de la cultura caudillista. Sin embargo, una interpretación más objetiva y comprensiva, considera ese conflicto como una manifestación de la lucha entre los dos grupos por el control del Estado y su incidencia en la formación y consolidación de la nueva clase gobernante y dominante, que ha sido el gran objetivo político del partido de gobierno.
   
Ese objetivo lo ha llevado a controlar todas las instancias de poder del Estado, así como a la apropiación privada de los recursos públicos, para lograr la autonomía financiera que le ha permitido mantener el poder de forma continua e indefinida a través de la reelección.
   
Esa función clasista es el origen del conflicto, cuya solución no se debe plantear bajo consideraciones personales y caudillistas, sino en función de la necesidad monopólica que tiene la nueva clase dominante construida por el PLD. Es en ese plano que deberían plantearse y buscarse las soluciones racionales al conflicto, bajo la vieja premisa vulgar de que “las clases no se suicidan”.
   
El otro conflicto intrapartidario es el relativo al PRD, el cual ha mantenido dividido al “perredeísmo histórico”, como un prerrequisito para asegurar el triunfo electoral del partido de gobierno y para lo cual se ha recurrido al poder fáctico del TSE, especialmente en su primera versión.
   
Ese clima de conflictividad entre los partidos oposición y de gobierno, parece desbordar la capacidad técnica y política de los órganos electorales, lo que hace más difusa la acción de dichos órganos electorales, que se ven más exigidos y presionados. En ese contexto, la confusión y la incertidumbre de la población se agravan, elevando aún más el clima de agobio político electoral de la población.
   
Los miembros de esos organismos reguladores, deberán llenarse de valentía, prudencia y sabiduría, para tomar decisiones que contribuyan a normalizar los exabruptos de los grupos de intereses, muchas veces dispuestos a violar el marco jurídico a su conveniencia.

¡Qué los órganos electorales hagan mantener la autoridad de la Constitución y las leyes! 


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