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Editorial

Arrancó la campaña

ACTUALIZADO 23.02.2010 - 1:13 pm

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Este fin de semana marcó el inicio del activismo electoral luego que los partidos llamados mayoritarios definieron la conformación de sus boletas electorales.
Como se sabe las próximas elecciones son congresionales y municipales, por lo cual no despiertan tanto interés en la población general, aunque son al mismo tiempo más complejas. 
Le ha costado mucho trabajo a los partidos ponerse de acuerdo internamente y luego con sus aliados para llegar a conformar las planillas de candidatos.
La JCE ya hace algunos días proclamó el inicio de la campaña y todo luce preparado para el entretenido certamen electoral. 
Hasta ahora la competencia marcha de forma pacífica y sería un gran logro que transcurra así a lo largo del proceso.
Sin embargo, el activismo partidario en torno a las elecciones ha servido para que la Iglesia Católica y la sociedad civil hayan presionado a los partidos a fin de que tomaran las precauciones que no permitan la penetración del narcotráfico ante la grave amenaza que este mal representa, al tiempo de impedir que algunos dirigentes moralmente repudiados no fueran llevados como candidatos. 
Asimismo estas elecciones han dejado ver la tremenda distorsión que representa el oportunismo de muchos aspirantes que sólo ven en la política la oportunidad de alcanzar una función pública para resolver sus problemas económicos y sus aspiraciones de ascender en la escala social. 
También el proceso exhibe cada vez más la nefasta creencia que confunde la política con el dinero y que señala que para ser candidato hay que ser rico. Esta aberración ha hecho que la política se despoje de sus fundamentos,  por lo cual la competencia carece de valor político y, en consecuencia, de propuestas trazadoras del rumbo nacional.
De  esa manera las elecciones, por lo general, constituyen una carrera de oportunistas y de mercaderes que se la “buscan” en la política como el mejor mercado de oportunidades. Y con esa motivación los partidos se han convertido en instrumentos del clientelismo, la corrupción, la impunidad y el desorden, contribuyendo más que nada al debilitamiento de la institucionalidad que impide el desarrollo de una mejor nación.  
Por ahora nos conformamos con que estas elecciones sigan en paz y orden, y que ganen los que políticamente valgan más la pena en cada uno de los partidos. 

Apoyemos a la Junta.   

En este proceso electoral merece ser apoyada la JCE para que goce de toda legitimidad y fortaleza moral frente al país político.
De hecho la Junta se ha ganado el respeto de los partidos y de la opinión pública con su participación en los certámenes internos de los partidos.
¡Y que se aleje cada vez más el fantasma del fraude y la violencia partidaria!



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