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La trampa del trujillismo

ACTUALIZADO 25.02.2010 - 12:08 pm

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El anuncio de un libro de la hija del tirano Trujillo que será puesto en circulación en Miami y Santo Domingo, ha desatado una polémica que más que nada servirá para que del fondo endotímico del alma de la dominicanidad, emerjan pesadas expresiones verbales que no podrán alcanzar el nivel de la abstracción iluminada porque viven en el mundo de las pasiones y las emociones. 
Uno de los rasgos del autoritarismo trujillista es que sistematizó como ningún otro dictador criollo, el modelo de la dominación personal, del cual cobró forma generalizada un sistema de conocimiento de la realidad social fundamentado en la subjetividad que se expresa en la anécdota y en la relataría de los hechos personales. Por eso nos fascinan los cuentos y las hazañas personales de nuestros personajes históricos.
Si nos colocamos frente al personaje de Trujillo desde una óptica personal-emocional, como es lógico suponer que lo ha hecho su hija en el mencionado libro, es natural que la obra cobre el valor subjetivo de una hija agradecida y admirada, que más que nada manifestará su valoración positiva sobre la imagen engramática de su padre.
Pero igual le pasa al que vivió los horrores del régimen trujillista, cuya experiencia también engramática, y siempre en el plano personal-emotivo, se expresará en forma negativa y con el más profundo rechazo.
Todas esas expresiones son comprensibles y pueden ser materia de análisis objetivo y desapasionado. Pero para esto tenemos que colocarnos en otro plano del conocimiento, por ejemplo el científico, objetivo e impersonal, universal y abstracto, donde tienen que neutralizarse las emociones y abandonarse las preferencias por la anécdota y la relataría personal.
Un  caso de conocimiento científico nos lo ofrecen las ciencias sociales que aplicadas al campo político nos pueden ayudar a enjuiciar más desapasionadamente el libro de la hija del dictador.
Esta forma de conocimiento fácilmente nos puede decir que la "era de Trujillo" corresponde al tipo de régimen autoritario fundamentado en la dominación personal y cuya estabilización se logra sobre la base de la más férrea represión de las libertades humanas mediante un sistema criminal de exterminio de toda disidencia. 
Trujillo operó como un típico caudillo que consolidó la cultura política tradicional del Estado patrimonialista, confundiendo y fundiendo el patrimonio del Estado con el patrimonio personal y familiar.
Esos dos rasgos, represión criminal y patrimonialismo personal, son suficientes para valorar ese régimen, desde esta óptica científica, como algo repudiable y detestable, sobre todo cuando lo confrontamos con los valores civilizatorios de la democracia occidental justificada en la tabla de los derechos humanos. 
Rechacemos, pues, el trujillismo todavía vigente en la política, pero no anecdóticamente, sino cerebral y culturalmente.
     




1 comentario(s)


  • 1

    G. REYES.

    25.02.2010 - 3:58 pm

    Sinceramente cro que nuestra relacion con Trujillo se parece a los amores no aceptados por la familia, mientras mas nos hablen mal de "La Era", mas nos atraera. Abogo por la creacion de un museo, no para honrar y endiosar la figura de Trujillo, sino para presentar sus pertenencias, documentos para
    que al leerlos nos den una vision clara de quien fue, en
    realidad "el Jefe" sin la mediacion de sus amigos y enemigos que nos quieran hacer participes de sus formas
    de pensar.


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