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Editorial

Asueto por Duarte

ACTUALIZADO 30.01.2012 - 1:11 am

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Algunas voces se levantaron en el país, con motivo de la temprana mudanza del receso en las actividades de trabajo con motivo del 26 de enero, día en que tiene lugar el recuerdo de la fecha de nacimiento de Juan Pablo Duarte Díez, fundador de la República, pero ninguna de ellas fue escuchada y la paralización formal de los ajetreos productivos fue indicada oficialmente para este lunes, el último del mes de enero. Un proyecto de ley, destinado a declarar inamovible de su día, el 26 de enero, la celebración del natalicio de Duarte, no fue conocido tampoco, por la Cámara Legislativa en que fue depositado.

Al llegar al asueto este lunes, el dominicano que cuestiona estas mudanzas de los recesos en el trabajo con motivo de fiestas cívicas e históricas tiene derecho a preguntarse qué se logra en realidad, pues no siendo aquella para la que se transfiere la fecha  -antepuesta o pospuesta- la propia de la efemérides, muchos de los ciudadanos se olvidan de lo esencial de la inactividad porque ya recordaron la significación de la fecha unos días antes o habrán de tener en la memoria esa significación unos días más tarde y, por tanto, estas brevísimas vacaciones no servirán para nada más que para holgar y descansar en un día más en el año.
   
Cada efemérides debe quedar en su lugar y lo que están obligados a alcanzar los patronos y empleadores -públicos o privados-, es lograr que sus dependientes acudan a su cita con las labores por las que se les paga, aunque tengan de por medio una festividad, cual que sea la naturaleza de esa festividad, disponiendo en caso contrario, en razón de cuanto les confiere el Código de Trabajo, disponer acciones que resarzan una ausencia no previsible en el día en que el dependiente hizo “puente” inconsultamente con su empleador. 
 
Asaltados en consulta

La noticia de que un médico de la ciudad de Bonao que realizaba una consulta a una paciente, contempló sin poder reaccionar adecuadamente y sin que pudieran hacerlo tampoco pacientes que se hallaban en una sala de espera, cómo dos maleantes penetraban a la clínica, despojaban al médico y a los pacientes de alhajas y dinero, tras lo cual montaban en una motocicleta en la que llegaron al lugar y se alejaban dejando en la intranquilidad a todos y, por supuesto, sin los bienes que portaban cuando estos criminales penetraron a la clínica y los robaron. 
   
Lo sucedido pone de manifiesto, por nueva vez, los bajos niveles de seguridad ciudadana en que se ha caído en los últimos tiempos, puesto que hospitales y clínicas eran lugares respetados, entre otras razones, tal vez, porque los individuos dedicados a la criminalidad tenían en cuenta que a esos lugares podían llegar en algún instante, tal vez acuciados por la necesidad de mantener su salud o sus vidas y hacían honor a ese respeto debido a los nosocomios, públicos o privados. Pero ya, ¡ni siquiera hacia ellos se mantiene consideración!




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