Esa es la otra cara del “progreso y la modernidad” que está creando una sociedad de ricos, ricos empresarios privilegiados, y ricos políticos funcionarios que están cobrando al país una “ tasa de interés mucho más elevada que la tasa de interés bancaria”, a través de una mega corrupción, sobre la cual tiene lugar un estilo de vida suntuoso y banal que responde a los anti valores que emanan del mercado desregulado, “libre mercado”, que ha convertido la vida en un simple acto de negocio y de mercancía que se compra y vende bajo la estrategia individualista de la competitividad globalizada.
Esos antivalores encuentran en los medios de comunicación, el llamado poder mediático, la vía más idónea para propagarse y expandirse, hasta impregnar todo el tejido social, de manera tal que los individuos bajo su influencia se convierten en agentes puros consumidores portadores de la vida “Light”. El consumismo desenfrenado y ostentoso marca la finalidad de la vida que es fácilmente verificada en las catedrales del consumo. Dos motivaciones rigen el comportamiento del hombre-consumidor: el afán de lucro desmedido; y la búsqueda del dinero fácil, que justifican el echar a un lado todo obstáculo ético y legal, lo que marca el derrumbamiento de la cultura en valores.
En ese contexto, el llamado poder mediático recrea y difunde los falsos ídolos de los que habla Monseñor y cuya descomposición moral, sus antivalores, se van haciendo las nuevas referencias de conducta que “venden” en el mercado y promueven el consumismo descompuesto. La descomposición de los valores y la difusión de una cultura anti ética y violatoria de las leyes y de las buenas costumbres se van imponiendo, definiendo el estado de inmoralidad que se observa en todos los órdenes de la vida social dominicana.
Por eso no extraña que a través de los medios de comunicación presenciamos cómo se ha corrompido el lenguaje, promoviendo la violencia y la inmoralidad, y cómo se difunden imágenes prostituidas, como recientemente sucediera en un programa de TV de la Capital, sólo porque el mercado “liberado” o desregulado, indica que esas son las inconductas más efectivas para lograr el éxito, es decir, hacer riqueza fácil.
Libertad de expresión moral y legal
Ante esa realidad que es advertida como una seria amenaza, se impone una rectificación de las autoridades para que, así como lograron regular y restablecer la moral del sistema financiero, se dispongan a regular y disciplinar los medios, de modo que restablezcan la moral y la legalidad en el uso del lenguaje y la difusión de imágenes que no ofendan la moral pública.
¡Regulemos y civilicemos la libertad de expresión!
