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Editorial

Medios y falsos ídolos

ACTUALIZADO 30.01.2012 - 10:27 pm

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La transformación del país ha creado un clima moral  que se caracteriza por la descomposición de los valores. Como lo advierte Mons. Agripino Núñez Collado el “bombardeo constante de los falsos ídolos amenaza con hacer perder el rumbo moral la República Dominicana”.   
  
Esa es la otra cara del “progreso y la modernidad” que está creando una sociedad de ricos, ricos empresarios privilegiados,  y ricos  políticos funcionarios  que están cobrando  al país una “ tasa de interés mucho más elevada que la tasa de interés bancaria”, a través de una mega corrupción, sobre la cual tiene lugar un estilo de vida suntuoso y banal que  responde a los anti valores que emanan  del  mercado desregulado, “libre mercado”, que ha convertido  la vida en un simple acto de negocio y de mercancía que se compra y vende bajo la estrategia individualista de la competitividad globalizada.
  
Esos antivalores encuentran en los medios de comunicación, el llamado poder mediático, la vía más idónea para propagarse y expandirse, hasta impregnar todo el tejido social, de manera tal que los individuos bajo su influencia se convierten en  agentes puros consumidores portadores de la vida “Light”. El consumismo desenfrenado y ostentoso marca la finalidad de la vida que es fácilmente verificada en las catedrales del consumo.  Dos motivaciones rigen el comportamiento del hombre-consumidor: el afán de lucro desmedido;  y  la búsqueda del dinero fácil, que justifican el echar a un lado todo obstáculo ético y legal, lo que marca el derrumbamiento de la cultura en valores.   
   
En ese contexto, el llamado poder mediático recrea y difunde los falsos ídolos de los que habla Monseñor y cuya descomposición moral, sus antivalores, se van haciendo las nuevas referencias de conducta que  “venden”  en el mercado  y promueven el consumismo descompuesto. La descomposición de los valores y la difusión de una cultura anti ética  y violatoria de las leyes y de las buenas costumbres se van imponiendo, definiendo el estado de inmoralidad que se observa en todos los órdenes de la vida social dominicana.

Por eso no extraña  que a través de los medios de comunicación presenciamos cómo se ha corrompido el lenguaje, promoviendo la violencia y la inmoralidad, y cómo se difunden  imágenes prostituidas, como recientemente sucediera en un programa de TV de la Capital, sólo porque el mercado “liberado” o desregulado, indica  que esas son las inconductas más efectivas para lograr el éxito, es decir, hacer riqueza fácil.

Libertad de expresión moral y legal

Ante esa realidad que es advertida como una seria amenaza, se impone una rectificación de las autoridades para que, así como lograron regular y restablecer la moral del sistema financiero, se dispongan a regular y disciplinar los medios, de modo que restablezcan la moral y la legalidad en el uso del lenguaje y la difusión de imágenes que no ofendan la moral pública.

¡Regulemos y civilicemos la libertad de expresión!
  




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