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César Estrella Sahdalá y Juan Sully Bonnelly: dos santiagueros que rescataron la JCE

Juan Sully Bonelly.


  • Edwin Espinal | 24-09-2020

El “espíritu de Santiago” fue la alegoría con la que don Víctor Espaillat Mera fijó en el imaginario colectivo las características distintivas de los ciudadanos de Santiago en su discurrir histórico. Las mismas tenacidad, entereza, integridad, gallardía, resiliencia y visión de futuro que animaron a los sobrevivientes del terremoto de 1562 y fundadores del tercer asiento de la ciudad fueron las que se expresaron en ocasión de los ataques desde la colonia francesa en el siglo XVII, el terremoto de 1842, las batallas del 30 de marzo de 1844 y el 6 de septiembre de 1863, la revolución de 1857, el incendio restaurador y las protestas contra la intervención estadounidense de 1916, entre otros tantos episodios de su historia. Idénticos valores impulsaron la guerra restauradora, la cultura de la economía del tabaco y los esfuerzos de renovación social concertados tras la muerte de Trujillo y que don Víctor encabezó desde la Asociación para el Desarrollo. 

Esa distintividad se ha expresado no solo en su propia territorialidad y en planos colectivos sino también allende sus fronteras y en el orden individual. En el pasado reciente, dos santiagueros encarnaron ese espíritu del que nos habló don Víctor Espaillat Mera: César Estrella Sahdalá y Juan Sully Bonnelly Batlle, quienes presidieron en forma sucesiva la Junta Central Electoral entre 1994 y 1997 y 1997 y 1998, respectivamente. El consenso político tras la crisis electora l de 1994 motivó su escogencia en ese año por el Senado de la República junto a Luis Mora Guzmán, Rafael Armando Vallejo Santelises y Aura Celeste Fernández. 

Su labor primaria fue rescatar el prestigio del organismo, perdido después del proceso electoral que culminó con el Pacto por la Democracia, de cara a las elecciones que debían celebrarse en 1996. Entre las medidas desarrolladas se recuerdan la expedición de la primera cédula de identidad y electoral, con la que se sustituyó el registro electoral, la confección de un nuevo padrón de electores y la concienciación y motivación del personal de la JCE y las juntas municipales, esenciales para llevar confianza a la ciudadanía respecto de la tarea de organizar los comicios de 1996, reconocidos como sin precedentes en nuestra historia electoral. 

Armonía y cohesión fueron las bases fundamentales de las juntas encabezadas por estos santiagueros, de conductas intachables en su vida pública y privada, ajenos al activismo partidista, dispuestos a sacrificios personales y profesionales y que no atendieron al monto de sus sueldos ni esperaron pensiones. 

El Senado de la República tiene la misión de escoger a los nuevos miembros de la Junta Central Electoral de entre más de 300 personas. Queda esperar que el perfil que se consense sea el que ostentaron César Estrella Sahdalá y Juan Sully Bonnelly Batlle y que los candidatos santiagueros que lo manifiesten resulten seleccionados. El “espíritu de Santiago” merece reinar de nuevo en la dirección de las asambleas electorales, el Registro Civil y la Cédula de Identidad y Electoral. 


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