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Discurso pronunciado por la Dra. Lily Rodríguez González, Rectora de UTESA-Sede

Dra. Lily Rodríguez González durante su discurso.


  • Redacción | 23-07-2019

En la Octogésima Tercera Graduación Ordinaria de la Sede, celebrada en Santiago de los Caballeros el sábado veinte de julio del año dos mil diecinueve

Caminar, correr, volar…


Hoy es un gran día, todos hemos venido con el corazón engalanado para dar vítores y agradecer por esta realidad: ustedes ya son profesionales; una verdad que aquí y ahora está sucediendo.
   
En el logro de este proyecto, han participado nuestro país, nuestra comunidad, nuestras amistades, nuestras familias, toda una colectividad que, sumada a esta universidad, han podido ofrecer a cada uno de ustedes las mejores oportunidades para recorrer ese gran camino llamado vida.
   
Todo recorrido empieza con un primer paso. En ese primer paso, para alcanzar su profesión han estado sus seres queridos. Ellos con gran mimo, apoyo, con constancia a toda prueba y con una inquebrantable ilusión les enseñaron a caminar. ¡Gracias a todos los que nos acompañan por ello!.
   
Estando hoy aquí reunidos, puedo afirmar que la Universidad les enseñó a correr; también, debo decirles que ha llegado el momento de volar.

Seguro, pensarán que ya tienen una profesión, es verdad. Esta titulación valida que ustedes son conocedores de una parte de la realidad o disciplina. Hoy, ustedes poseen conocimientos, actitudes, y saben aplicar una serie de saberes especializados, para hacer que la realidad cambie, que este país cambie, que nuestro entorno cambie… ¿por qué? Porque cada uno de ustedes debe ser protagonista del cambio que todos los que estamos aquí queremos ver.
   
Quiero que, sin olvidar la alegría de este gran momento, lo consideren solo como una parte del camino que deberán recorrer.
   
Esta ceremonia de graduación es una gran foto, todos la atesoraremos de por vida y seremos muy dichosos al recordarla y revivirla, pero es más que una foto. Hoy se establece un antes y un después en el que solo ustedes son los responsables de ese cambio y del nivel de impacto a alcanzar en su vida y en la de los demás.
   
Utilizando la metáfora del maratón trataré de darme a entender.
   
Ustedes, hoy, acaban de cruzar la meta de esos intensos 42 kilómetros que supone ese trecho de largo aliento llamado maratón. La foto de llegada -esta graduación- es una evidencia, pero lo valioso está detrás: el recorrido de este proceso.

Repasemos.
   
No puedes un día, sin experiencia alguna, levantarte y decir: bueno, me voy a correr un maratón. No se trata de una decisión fortuita, sino producto de una planificación, de una preparación, de una disciplina y de una serie de pequeños actos y procesos que, con el tiempo, se desarrollan y suman.
   
Cuando te preparas para un maratón entrenas el cuerpo, sin lugar a dudas, pero hay algo invisible, sobre todo, entrenas la ACTITUD. Lo mismo ocurre cuando te preparas para una carrera profesional.
   
Dar un primer paso, es el primer paso, al que le siguen muchos otros. No se trata de una actividad mecánica, únicamente, sino de forjar una actitud para seguir dando esos pasos.

¿Qué entrenas, entonces, en un maratón?
   
Entrenas la idea que, ya sea con sol, con viento o con lluvia es necesario salir a entrenar; no hay excusas. Entrenas que un día puedes hacer 5 kilómetros y empezar a creer que al día siguiente podrás hacer un kilómetro más, asumes que puedes; entrenas tus hábitos de alimentación y sueño cuidando lo mejor de ti, empiezas a cuidarte de forma especial; entrenas la idea de que hay una meta cada día y que hay una gran meta que, aunque no todos los días tengas las mismas ganas o el mundo no te permita entrenar de la misma forma, cada entrenamiento, corto o largo, es un día ganado con voluntad; entrenas la idea que tu cuerpo corre, pero que tu mente te impulsa y, a su vez,  que tu mente te guía y que tu cuerpo te sigue, es decir, aprendes a verte como un todo entregado a una idea… y así, muchas cosas más.
   
¿Qué les quiero decir con esto? Cuando corres un maratón, no entrenas solo tu cuerpo, sino que entrenas esa actitud vital para la vida: constancia para avanzar, para crecer, para ser.
   
Lo mismo sucede cuando “corres” el largo trecho de una carrera profesional, no entrenas solo por un título académico, sino que has labrado una actitud.
Por eso, además de celebrar sus merecidos títulos, celebro la graduación de hombres y mujeres con nuevas actitudes, con una nueva visión para lograr una nueva meta.
   
Al aprender la ciencia y la técnica no solo han aprendido conocimientos científicos y técnicos en sus respectivas ramas, sino que han aprendido a ver el lado veraz y metódico de la realidad; al debatir sobre nuestro país y el mundo de forma crítica y fundamentada, también, han aprendido a creer que este país es su responsabilidad; al encarar un trabajo en equipo con distintos criterios a los propios, no solo se logra aprobar una tarea en un curso, sino que se aprende a creer en esos otros y se aprende la importancia de ser empático, a gestionar las diferencias, a creer en la responsabilidad personal y grupal o a pensar las partes como un todo; al leer un texto, al citarlo y al comparar las fuentes, no solo profundizamos en un contenido propio de una asignatura, sino que aprendemos que pensar sobre lo pensado e, incluso, hasta el modesto hecho de ir a clases todos los días se aprende que para lograr ese título hace falta disciplina, constancia y amor por lo que creemos.
   
Un título esconde grandes actitudes, queridos profesionales, a lo ya aprendido en UTESA, les propongo una nueva actividad: empezar a volar, a seguir creyendo en su proyecto con las alas de su poder personal.
Gracias,

Dra. Lily Rodríguez González


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