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Lino Rivera: Capataz de los Toros


  • Redacción | 29-01-2020

El boricua Lino Rivera ha conducido otro equipo del béisbol dominicano a coronarse campeón, a pesar de que el conjunto de La Romana empezó dando traspiés al principio de la jornada, al perder los primeros cinco juegos.

De ahí en adelante, Rivera pudo conformar un bravo equipo que llegó a ganar el mayor número de juegos en una temporada, pués ganó la serie regular, el round roben o “Todos contra todos” y finalmente se impone con gallardía a los siempre peligrosos Tigres de Licey, ganando cinco partidos, para colocarse como nuevos campeones de la temporada 2019-2020.

Recordemos que Lino Rivera llevó al emblemático equipo  de las  Aguilas Cibaeñas a coronarse campeón de la temporada  2017-2018, luego de que el conjunto cibaeño atravesara  por una prolongada sequía sin darle a su fiel fanatizada un nuevo título.  Recién conquistado el título, los directivos  cibaeños despidieron a Lino, algo que nunca llegamos a entender,  pues esa decisión  la consideramos como una ingratitud hacia el experimentado dirigente, un verdadero zorro que conoce todos los secretos del béisbol.

Ateanoche, Lino Rivera otra vez se vistió de gloria cuando Los Toros le hicieron a Licey el último out. Los parroquianos romanenses que ocupaban graderías del estado “Juan Marichal” se tiraron al terreno llenos de júbilo para abrazarse con los bravos muchachos que anoche provocaron que los liceítas hicieran “bembita” al ver sucumbir al “glorioso”, que prácticamente  no les supo a nada a los taurinos romanenses.

Lino  era un mar de lágrimas, pero de felicidad; Valdespín reía y lloraba y así lo hacían Junior Lake, Jeimer  Candelario, el más valioso y Obrien, Sosa, Mateo, Henson, Almonte y los demás toros de miura que batallaron con tanto ardor y bravura.

Y nosotros los cibaeños, pujando para que los toros le dieran una zurra a los tigres, esos malos tigres que tantas veces nos han hecho sufrir.

Así como los romanenses gozaban hasta  más no poder, por aquí, los habitantes del Valle de la Muerte, emplumados y llenos de cachos, brincábamos y reíamos cada vez que los muchachos de Lino Rivera hacían de las suyas, gozábamos y reíamos, sobre todo, cuando vimos que los toros, enterraron a los tigres en el corral.

Por Ramón DE LUNA


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