Comentarios Recientes

0
Manuel Ángel Fernández

Un Análisis Financiero

Manuel Ángel Fernández | manuel_fdez@yahoo.com

La estrella lasallista ha iluminado por 80 años el cielo dominicano


  • Manuel Ángel Fernández | 07-12-2020

“Siempre en alto, la mirada, con la estrella como emblema……”, cómo me gustaba y qué orgulloso me sentía al entonar las letras del himno lasallista. Soy lasallista por convicción, pero sobre todo de corazón. Pasé en el Colegio De La Salle de Santiago toda mi vida escolar, 15 maravillosos años, que como la vida misma tuvieron sus altas y bajas. Como residía muy cerca del colegio, para mí era como una prolongación del hogar. 

Para mí La Salle es sinónimo de Excelencia Académica, Vocación de Servicio y Responsabilidad. Esta institución fraguada por el gran San Juan Bautista De La Salle ha sido forjadora de hombres y mujeres con un alto nivel de responsabilidad y sentido social. En su momento, hasta pensé alistarme como hermano y participé en algunas reuniones en el centro vocacional que estaba en la comunidad de Pekín, al sur de la ciudad de Santiago.

En el Colegio De La Salle tuve magníficos maestros, el actual director Llisán Wu, a quien debo mi afición por la lectura. Doña Argentina, que más que una profesora, era una especie de libro de historia en vida, Héctor Abreu, mejor conocido como “Suny”, Radhamés, Altagracia, Vitico mejor conocido por “El Bocho”, el recordado Demetrio, Estervina, Ramón, Kaki y mi querida Miriam Valdez, que tantos buenos consejos me dio. 

Recuerdo aquellos grandes libros como el Álgebra de Baldor, El libro de Moral y Cívica, el Libro de Introducción a la Economía de Lucio Casado, lleno de viñetas de Mafalda. Me encantaba el libro de Historia de las Civilizaciones, donde vi por primera vez la gran obra de Picasso “El Guernica”, la cual tuve el honor de contemplar en el año 2014 en el museo Reina Sofía. También tuve la dicha de leer grandes obras de la literatura como Siddhartha de Herman Hesse, Over de Ramón Marrero Aristy, La Borra del Café de Mario Benedetti, El Principito de Antoine de Saint -Exupery, y mi libro favorito, Crónica de una Muerte Anunciada de Gabriel García Márquez. 

No puedo olvidar a esos Hermanos De La Salle, que eran para mí seres extraordinarios, vigilantes sagaces de nuestro proceso de aprendizaje. El Hermano Pedro, el Hermano Agustín, el Hermano Alfredo, el querido Hermano Rafael, al cual visitaba cuando la residencia de los hermanos estaba en las mismas instalaciones del colegio, el Hermano Evaristo, con quien tuve una gran amistad y a quien recuerdo con inmenso cariño por esos paseos que dábamos a la Loma del Chivo y los baños en las Tres Tinajas. El Hermano Ángel y el Hermano Avelino, con quienes sostenía grandes conversaciones de temas filosóficos.

Como no recordar a Doña Fulvia, la coordinadora de secundaria, solo de verla nos infundía temor y respeto. Pero bajo esa coraza había una mujer muy sensible y cariñosa. Como extraño a Doña Mery y sus clases de canto, las prácticas de laboratorio de Calín y las clases de inglés de la teacher Denise Castillo.

En los recreos disfrutábamos de las exquisiteces del Yunyi, la Sábana, el Pale y las pizzas de Charo, que manejaba la cafetería del colegio en aquella época.

Eran tiempos hermosos, donde beber agua de una pluma no era sinónimo de enfermedad. No había celulares, ni internet, ni Facebook, ni Instagram y mucho menos Google. Para hacer una composición o una investigación había que ir a la biblioteca del colegio, donde la amable Trini nos recibía con ternura, y había que fajarse a leer enciclopedias para escribir de cualquier tema.

Quiero mi institución, aunque a veces no esté de acuerdo con algunas de sus decisiones, ese sentimiento lasallista, ese poder de identificación plena, la llevaré siempre conmigo hasta el punto de que hace dos años inscribí en el colegio a mi pequeño Matheo, para que también forme parte de ese gran proyecto que es ser lasallista.

Desde el punto de vista de su infraestructura el colegio ha dado un gran cambio. En mi época, el campo de futbol no tenía grama y lanzarse al suelo era toda una temeridad. Hoy hay grandes y modernas instalaciones deportivas, un bajo techo, antes había que “guamiarse” un solazo para jugar baloncesto. Tenemos hoy un colegio moderno, con un personal profesional y aulas acorde a las exigencias de los tiempos actuales (computadoras, laptops, internet, etc.), pero sus ideales siguen intactos.

Ser lasallista es un sentimiento que se lleva para toda la vida. Aún hoy me emociono al escuchar el himno. Mi hermana Rocío, trabaja actualmente en el colegio como coordinadora de Arte y Cultura y ha sabido mantener esa llama en nuestros corazones. Tenemos centros hermanos, la Escuela Hermano Miguel de El Ejido, el Colegio Dominicano De La Salle en Santo Domingo, la escuela liceo Juan XXIII y la Pastoral La Salle La Florida, de la ciudad de Higüey.  El gran árbol de La Salle, nos ha cobijado por 80 años, nos ha dado las buenas raíces del Saber y estará siempre ahí para educar a hombres y mujeres de bien.

Por Manuel A. Fernández

Promoción 1992-1993 “Pisando Fuerte”


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba