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¿Por qué hay que evitar que los trabajadores paguen la crisis una vez más?


  • Redacción | 13-05-2020

El mundo está sufriendo con la pandemia del COVID-19, y la República Dominicana también. Es un sufrimiento integral, porque tenemos miedo por nuestra salud, la de nuestras familias, la de nuestros ancianos especialmente, y tenemos miedo por el futuro, por nuestro trabajo, por si podremos hacer frente a los pagos básicos, si podremos darle estudios a nuestros hijos, si tendremos pensión y no seremos una carga para ellos.

Es humano tener esos miedos, y para combatirlos, buscamos liderazgos que nos transmitan tranquilidad, fe en el futuro, confianza en que saldremos de esta difícil situación. Y es bien cierto que muchas veces (en el planeta) miramos alrededor y nos cuesta encontrar ese liderazgo. Y es entonces cuando más nos pueden influir chamanes, santeros, vendedores de crecepelos y otros personajes, que, con mejor o peor intención, nos ofrecen autopistas para la salvación, recetas mágicas que nos arreglarán la vida.

En la mayor parte del mundo, ese liderazgo lo están asumiendo (con dificultad y muchas veces poca credibilidad), las instituciones, los Estados, pero también la comunidad científica, que al menos, desde la perspectiva médico-sanitaria, nos da pautas de comportamiento válidas para cuidar nuestra salud. Pero junto a la crisis médica está emergiendo la crisis económica derivada de la paralización de la actividad en todos los países. Las empresas tienen que cerrar, los pequeños comerciantes no pueden vender su producto, hay gente que se queda sin trabajo y sin recursos.

Ante unas circunstancias de estas dimensiones, global, los gobiernos, bancos centrales y organismos multilaterales están poniendo el foco en dos temas: apoyar a las empresas para que no cierren y no pierdan trabajo, y apoyar a las familias que más sufren la crisis económica.

Lo están haciendo destinando ingentes cantidades económicas para facilitar el préstamo en buenas condiciones a las empresas, reduciendo, aplazando o simplemente eliminando impuestos de forma temporal, facilitando mecanismos para que los trabajadores no pierdan su trabajo y solo se “suspenda”, y el trabajador pueda recibir un subsidio público, y también estableciendo sistemas para que las familias puedan reducir o aplazar sin costo sus alquileres, que tengan subsidios para el consumo de bienes básicos, o incluso, en algunos países (EEUU y Japón) con lo que se llama “helicopter money”, es decir, dando dinero directamente a las familias.

Lo que no está haciendo ningún gobierno en el mundo es decirle a sus ciudadanos que paguen ellos la crisis con sus ahorros, si los tienen. Y mucho menos, si sus ahorros son para algo tan delicado como es el retiro. La jubilación es algo por lo que los sindicatos del mundo entero han trabajado mucho tiempo, y debe ser un momento de felicidad; de hecho, la palabra jubilación viene del latín “iubilare”, que significa gritar de alegría. Nuestra jubilación tiene que ser el merecido final feliz a una vida en la que hemos trabajado para la sociedad, no un final tenebroso y lleno de dudas.

Pues bien, resulta que en nuestro país hay personas con responsabilidades públicas que, sin duda desde la buena intención, están pretendiendo que sean los trabajadores los que, con cargo a ese ahorro que tienen para que en el futuro no resulten una carga para sus hijos, paguen la crisis. Así de claro y sencillo.

Estamos oyendo todos cosas como que vamos a estar muertos al llegar a la jubilación (qué poca fe en nuestro país y en nuestra gente), que hay que llevarse ese dinero ya porque otros (las AFP) nos lo roban (qué desconocimiento del sistema de pensiones, las AFP añadirán a nuestra pensión la misma cantidad que hemos puesto nosotros y nuestras empresas), que ese dinero nuestro está financiando al Estado y es una estafa (en todos los países del mundo los fondos de pensiones financian a los Estados, y más vale que sea así a que lo financien otros, normalmente extranjeros), que solo sirve para que se llenen los bolsillos las AFP (que están dando una rentabilidad a los afiliados del 10% mientras las AFP cobran como máximo un 1.2% y está bajando al 0.75%), que es que nos engañan porque se considera una expectativa de vida de 110 años ( que es absolutamente falso, porque la expectativa de vida que se cuenta es de 76 años). En fin, hay toda una cantidad de lo que ahora se llama fake news que están dañando a nuestra población porque les están haciendo creer que rescatar el 20 o el 30% (por cierto, ¿nadie se ha preguntado, nadie ha hecho cálculos, para ver por qué el 20 o por qué el 30?) es un maná caído del cielo que nos va a salvar de todos los males de la crisis.

Y no solo no nos va a salvar (menos de un millón de trabajadores recibirían, en el mejor de los casos, el equivalente a tres salarios mínimos), sino que además nos facilitará el camino hacia una jubilación empobrecida, donde tendremos que convertirnos en un peso adicional para nuestros hijos. 

¿No creen que la República Dominicana debería hacer como todos los países del mundo, y que estos diputados que están pidiendo que paguemos los trabajadores la crisis lo que deberían hacer es exigirle a las instituciones públicas que aprovechen todos los recursos del Estado, que no son pocos, y que además tienen fondos internacionales recién aterrizados, para: dar préstamos sin interés a largo plazo a las mipymes y cuentapropistas (formales e informales) y exonerarles de impuestos, condicionado a que no despidan a nadie, dar subsidios a las familias para que los tratamientos médicos derivados del coronavirus no cuesten un peso, ayudar a las familias que no pueden pagar sus alquileres con moratorias o subvenciones directas, subvencionar la energía y la canasta básica de quien lo necesita? ¿No sería eso mucho mejor que empobrecernos para el futuro, cuando ya no tenga remedio? 

Sobre el autor:

Dr. Diego Valero, Presidente de Novaster. Doctor en Economía y Actuario, Profesor de la Universidad de Barcelona y  Profesor y Director Académico del London School of Economics- Global Pensions Programme. Profesor de Economía en International Montessori School. Asesor de organismos multilaterales y del Parlamento español en materia de pensiones. Autor de varios libros y de más de un centenar de artículos. Ha traducido el libro de Peter Diamond (Premio Nobel de Economía 2010) y Nicholas Barr Pension reform. Experto en pensiones, es profundo conocedor del sistema dominicano de pensiones.


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