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Un S. O S. para La Cámara de Cuentas

Carlos Jose Rosario.


  • Carlos José Rosario | 02-11-2020

La Cámara de Diputados ha iniciado el proceso para elegir a los miembros de la Cámara de Cuentas de la Republica Dominicana (CCRD), atendiendo a lo establecido en el artículo 248 de nuestra Constitución, instituyéndola como “…el órgano superior externo de control fiscal de los recursos públicos, de los procesos administrativos y del patrimonio del Estado”.

Las acciones operativas que debe agotar el legislador incluirán: la elección de una Comisión compuesta por honorables Diputados de la República, quienes reciben las solicitudes de ciudadanos profesionales interesados. Luego, se agotarán jornadas de entrevistas, ponderaciones y evaluaciones de candidatos, cuya fase desemboca en la escogencia de cinco ternas, que son presentadas, conocidas y aprobadas en una de las sesiones de trabajo de la Cámara Baja. Estas ternas son enviadas al Senado de la República, para que procedan a escoger definitivamente a los cinco (5) integrantes del Pleno, con funciones para los próximos cuatro años. Finalmente, entre estos, se eligen a los miembros del Bufete Directivo compuesto por: un Presidente, un Vicepresidente y un Secretario, siguiendo las orientaciones del artículo 13 de la Ley 10-04.

En los años recientes la Cámara de Cuentas ha sido sometida a indeseados cuestionamientos relacionados con la objetividad, eficiencia, economía, transparencia, calidad y alcance de sus informes... Las opiniones son tan diversas y generalizadas que han ganado la atención nacional de sus mejores ciudadanos, socavando sus fuerzas constitucionales, constriñendo sus necesarias acciones y arrancando, poco a poco, la moral de sus integrantes, hasta dejarles inermes frente al ataque.

Creo oportuno preguntarnos ¿dónde ha quedado el respeto bien ganado por su técnica y experticia en el trabajo? ¿a cuáles lugares han ido a parar sus valiosos hallazgos de otros tiempos y la calidad de sus publicaciones? O ¿urge la necesidad de modificar el perfil de los integrantes del pleno, al tiempo de arreciar requisitos para quienes ocupan sus áreas sustantivas?

La Cámara de Cuentas ha sido vapuleada sin piedad, hasta caer en una situación de descrédito tan delicada y profunda, que la coloca en un escenario de cuidados intensivos, donde muchos la apedrean para evitar los contagios de las llagas que presenta y, tan solo, un puñado se le acerca a mitigar el dolor. Sin embargo, este paciente moribundo y prácticamente desahuciado aun puede ofrecer señales de vida reclamando un S. O S. para renovar la confianza perdida en las acciones erróneas de sus líderes recientes.

Con la ayuda de expertos nacionales e internacionales, la integración de los usuarios internos y externos, se debe iniciar de inmediato la construcción de un nuevo e inteligente Plan Estratégico, que incluya propósitos y objetivos con especial atención en los planes operativos y en la calendarización de actividades, para devolver a esta noble institución su bien merecida y orientada rutina y, así cumplir, el conjunto de compromisos nacionales que son confiados por la Constitución y las Leyes. En este sentido, su área de Planificación institucional deberá ser renovada y fortalecida.

De igual manera, debe ser revisada y adecuada su estructura organizacional, mejorando las labores sustantivas, las direcciones y las tareas de apoyo. Este análisis de cargos se orienta hacia la economía de recursos, la disminución del número de puestos, la simplificación de funciones, supervisión permanente, acuerdos y evaluación objetiva del desempeño.

Al mismo tiempo, es necesario fortalecer el equipo de comunicación para mejorar las relaciones con los hacedores de opinión pública. Por lo que, se debe iniciar una Jornada Nacional de Sensibilización con el propósito de acercar la institución a la sociedad, a través de sus actores relevantes, liderazgo social y comunitario, implementando un plan de visitas a los órganos municipales, células comunitarias y medios de comunicación, y habilitando líneas para la sana comunicación, participación y soluciones colectivas.

Quien suscribe, ha venido mejorando las aptitudes profesionales y humanas, profundizando en las nuevas formas de atención al ciudadano desde lo público, consolidando la honestidad, responsabilidad y relaciones humanas, con una amplia trayectoria académica, laboral y de servicio, a la espera de que pueda ser llamado por la sociedad para ocupar cargos de mayor relevancia. En este sentido, he recibido un extraordinario apoyo para presidir la Cámara de Cuentas de la República Dominicana.

En los días más recientes, estoy siendo animado por honorables ciudadanos que han llenado de gloria nuestra patria, poseedores de méritos que trascienden y que, al mismo tiempo, representan instituciones con una larga vida de servicio, colaboración y participación del desarrollo que ha tenido la sociedad dominicana. Estos inigualables ciudadanos me animan a continuar con esta interesante experiencia, que solo busca crear una avalancha de fuerza moral, técnica y social a la propuesta depositada en la comisión evaluadora compuesta por honorables diputados. 

Agradezco la confianza de los Obispos del norte, que de forma casi unánime han respaldado nuestra candidatura. No puedo defraudar a S.E. Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio; S.E. Mons. Fausto R. Mejía Vallejo; S.E. Mons. Diomedes Espinal De León; S.E. Mons. Héctor Rafael Rodríguez; S.E. Mons. Rafael L. Felipe Núñez. De igual manera a Don Carlos Fondeur Victoria y Don Fernando Aníbal Capellán.

No puedo defraudar a la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) y su Magnifico Canciller Don Frank Rodríguez González; la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Recinto de Santiago, en la persona de su Director General Don José Tavárez Henríquez; a la Escuela de Contabilidad de la UASD y su Director Don José Nicolás Cruz, a la Filial Santiago del Instituto de Contadores Públicos Autorizados de la República Dominicana y su presidente Don Víctor M. Estrella y a la Asociación de Productores de Cigarros y Tabacos de la República Dominicana y su presidente Don Osvaldo Radhamés Rodríguez.

En definitiva, los ciudadanos dominicanos merecen recobrar el sosiego y la confianza en sus instituciones, mas aun, de aquella que tiene el deber de informar acerca del uso de los recaudos y aplicación a través del presupuesto nacional.


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