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Quimeras


  • Miguelina Medina | 14-12-2019

Permiso he de pedir al sueño

a  los ojos que se van

a los ojos de los pájaros que trinan

que  cantan y cantan 

el mismo canto repetido

necesariamente repetido.

Hoy vinieron nuevas sílabas

para mecerse en la noche

nuevos cantores se asomaron

sílabas musicales.

El aire las dejó pasear

y  la noche trasladó sus tristezas

a la madrugada

y esta  al alba

y el alba al sol 

para que no murieran sus miradas.

Papel

Sí, soy eso

pero antes era nada

ahora soy papel

que levita en el tiempo

que va por el desierto

reanimando helechos 

con la lluvia de sus letras

cinco que aún serían seis

si la luz se la divido.

Sí, yo soy eso

e insultaría si digo mejor es nada 

esta “nada” no es aquella 

aún papel estrujado 

“nada” es ahora el espacio

de la que antes estaba muerta.

No duele entonces

eso que ahora soy

solo duele lo que la razón ansía

la calma de unos besos.

Romana

Quisiera vestirme romana

para bailar como efigie a escondidas

romana que se mueve en tu boca

en andar de laberinto esbelto 

y parecen escuchar mis pensamientos 

tus rosas diminutas 

y acontece el ruido

y detiene  el furor de mis anhelos.

En tus labios, romanas sin faltas 

prosódica marca

a la que le creo el deseo cumplido

madrigueras en los cerros de un poeta

y yo en su piel

que  baila palabras en mi boca.

Y  vuelvo del hurto.

con la ilusión que lo ha dicho todo.

Está ahora conmigo el silencio

puedo transcribir  su poesía antigua

lo escucho desde lejos

con sus extasiadas romanas.

Esperanza

Los libros predicaban

como predicaba un sacerdote

en las puertas los mendigos

las ofrendas repartidas.

Cuenta una aurora sus sueños

caminaba triste por la noche

y aún soñolienta

vino el consuelo de espanto.

Exaltación en el templo 

era una tristeza que se iba

una fina mañana sonreía 

ofrendada con su fantasía.

Rimas, poesías aún no se escribían 

solo asomarse pudieron las palabras 

que querían alabar con sus quimeras

y con sus sueños alababan.

Existía una esperanza redimida 

que  sonreía en el camino,

justa, hermosa, de espanto.

Y en ella se alejaron los mendigos

a Su aurora exaltando.

Miguelina Medina


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