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Redacción

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Abinader y el PRM


  • 13.04.2021 - 12:00 am

La gestión del presidente Abinader tiene por delante serios desafíos que tienen que ver con la realidad nacional que enfrenta y sus compromisos para conducir al país hacia un más equilibrado desarrollo, al tiempo de fortalecer la institucionalidad del Estado para una democracia más real.

Esa misión encara una serie de dificultades y limitaciones que hasta ahora han sido bien manejadas, hasta el punto que las encuestas locales e internacionales han establecido que el Presidente goza de una altísima aceptación, encabezando la valoración po-sitiva junto al presidente de El Salvador.

No obstante, en el plano local Abinader siente la presión de su partido, por lo que consideró pertinente celebrar una conferencia dirigida a su dirigencia y activistas para explicarles los ejes de su agenda de gobierno, al tiempo de pedirle el necesario apoyo político para poder llevar adelante las ejecutorias comprometidas.   

La actividad se realizó en circunstancias en que los activistas y las bases de la organización lanzan críticas por no haber sido incorporadas al tren de gobierno y alcanzar así la expectativa más sentida de lograr un empleo público. De manera que mientras las expectativas del Gobierno se sitúan en atacar la pandemia, la recuperación económica e institucionalizar el Estado, los activistas fijan sus expectativas en el plano puramente clientelar con la aspiración de “saborear las mieles del poder”.

Es una contradicción que domina el quehacer de la política criolla, sobre todo en la fase clientelar de la demo-cracia, donde la gente hace política interesada en prebendas y beneficios particulares, como una orientación central derivada del encuentro de dos culturas: la tradicional cultura del Estado patrimonial y personal; y la cultura económica neoliberal que convierte la política en negocio, donde se pierde el interés general de la nación y sobresale el interés individualista de los que buscan hacer negocios con el Estado y no servir a la ciudadanía.

Comprendiendo esa realidad más asociada a la co-rrupción y a la impunidad, el presidente Abinader no solo le pide comprensión y apoyo a su partido, sino que le señala cuál ha de ser la misión del partido, la que debe ser la de “formular ideas y propuestas para responder a las demandas de los grupos sociales”.

El partido que quiere Abinader ha de ser otro distinto a la maquinaria electoral motivada por una aspiración clientelar y oportunista. De manera que al “cambio” prometido por el Presidente, se le une la necesidad de cambiar la cultura de su partido, si se busca fortalecer la institucionalidad democrática de la nación.

Reorientar al partido y echar hacia delante las ejecutorias de proyectos para el cambio, son los desafíos por delante para Abinader.  


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