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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


Agradecer el don de la familia


  • 26.11.2020 - 12:00 am

Todos tenemos una familia. Nadie la elige, sino que nacemos en ella por gracia de Dios. Ninguna familia humana es perfecta, excepto la familia de Nazaret. Cada una nos ofrece lo que tiene con humildad y sencillez. No hay familia buena o mala, solo familia, y en ese sentido, existen personas que, por circunstancias de la vida, tuvieron que desarrollar su existencia con las herramientas que fueron encontrando a lo largo de su caminar. Por esta razón, la actitud positiva es lo que garantiza la diferencia entre la familia que se tiene y la que se aspira a tener.

Hay que tener un pensamiento sano y productivo que nos pueda ayudar a la hora de hablar de la familia, que nos haga reconocer que amarla es entenderla con sus límites y que por más estable, correcta y educada que podamos observar algunas familias, también estas tienen sus dificultades y obstáculos al igual que las demás. Por este motivo, comparar las familias nunca será agradable. Desear tener tal y cual familia, es de forma directa o indirecta, rechazar el plan de Dios, no aceptar que debemos florecer donde fuimos sembrados.

Sin embargo, como dice la expresión popular: “La experiencia es la maestra de la vida”. No es la apariencia familiar lo que nos tiene que llamar a la atención, sino la vivencia de los valores que la adornan. Porque vamos a encontrar algunas miradas humanas que califican la familia ideal, única y exclusivamente, desde el ámbito económico. Entienden que el dinero, la fama, la comodidad y el estatus social, es lo que hacen una familia prototipo; cuando sabemos que la base de una familia estable, se encuentra en sus principios éticos, morales y religiosos. Las demás cosas vendrán por añadiduras.  

La mayor riqueza de una familia no son sus bienes, sino sus enseñanzas. Eso se lleva a todas partes, porque el dinero, los lujos y las cosas superficiales se terminan, pero los consejos y los valores permanecen de generación en generación. Por consiguiente, las mejores familias siempre serán aquellas que ponen como prioridad, como fundamento de la vida, la honradez, la honestidad y cada una de las virtudes que hacen de los seres humanos, dignos de aprecio y de cariño. Esas familias son las que han perdurado en el tiempo y por la cual la humanidad sigue de pie. 

Así que, saca tiempo hoy, mañana o cuando tengas la oportunidad de hacerlo, para ser agradecido por lo que te ha regalado tu familia, porque siendo poco o mucho, de seguro lo ha hecho con el corazón en las manos. Dedica un tiempo para renovar tus vínculos familiares. No tienes que esperar una ocasión especial, recuerda que cada momento es un don, una dádiva de Dios. No espere que tus familiares se enfermen o pierdan la vida, para decirle que los quieres y que te sientes orgulloso de ellos. Expresa tu amor con gestos sencillos, y no olvide jamás, que tener una familia, es tener un hogar, un rincón donde podemos sentirnos seguros y confiados. 


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