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Redacción

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Ataque a la criminalidad


  • 19.07.2019 - 06:21 pm

La delincuencia y la criminalidad son dos fenómenos que definen el estado de inseguridad en que se desenvuelve la cotidianidad dominicana. La inseguridad, según las encuestas más acreditadas, se ha convertido en una de las más serias preocupaciones de la población.    
   
Los gobiernos se han encargado de anunciar planes para combatir la inseguridad fruto de la criminalidad y la delincuencia. Pero hasta ahora han sido simples intenciones que en la práctica han resultado inefectivos. Por eso se hace imperativo la formulación de una iniciativa, un verdadero plan nacional, que con eficacia combata el presente estado de la inseguridad ciudadana.         
   
En ese orden, el candidato de la oposición, Luis Abinader, se ha hecho asesorar por el exalcalde de Nueva York, Rudolph Guiliani, quien se hizo experto en planes de seguridad a partir de su experiencia en la alcaldía de la ciudad de Nueva York,  y quien trabaja en la formulación de un plan para combatir la inseguridad en nuestro país, como parte de la oferta programática que presentará Abinader en la campaña electoral para el 2020.   
   
En ese orden, en un reciente encuentro con los directores de medios y de programas de televisión, convocado por Abinader, Guiliani planteó que un plan para la seguridad ciudadana debe asumir como objetivo reducir la inseguridad, atacando la criminalidad, para lo cual se deben establecer: estadísticas confiables sobre la criminalidad que permitan zonificar los hechos criminales; capacitación científica de los agentes policiales y disponer políticas salariales adecuadas para evitar la corrupción de la policía; distribución de los agentes según la zonificación del crimen; educación de jueces, fiscales y de la comunidad para mejorar su participación contra el crimen; crear un clima de confianza respecto a los actores que actúan contra el crimen, ya que  no se puede crear seguridad si la población no confía en las autoridades.
  
Esos lineamientos, que servirán de guías para el plan a formular, resaltan el aspecto de crear  confianza en las autoridades y en las instituciones formales, al tiempo que se enmarcan en una plataforma científica y tecnológica derivada de la cultura moderna, la cual se edifica a partir de la racionalidad institucionalmente profesionalizada, muy propia de los países avanzados de Europa o del propio EEUU.
  
Ese trasfondo cultural moderno, choca con la cultura folklórica nuestra, rica en la racionalidad emotiva, inmediatista y oportunista, no profesional y anticientífica, y muy bien estructurada a partir de las relaciones informales y afectivas de corte primario, dentro de las cuales se forma  una personalidad social proclive a la arbitrariedad autoritaria y al amiguismo cariñoso pero utilitario, patrones todos ellos contrarios a los fundamentos de la conducta racional que determina la relación medio-fin, en el contexto de una organización burocrática fundamentada en una institucionalidad formal y legal-racional al estilo Max Weber.
   
Pero si esas diferencias valorativas deben tomarse en cuenta para reducir los factores de resistencia, un plan de seguridad nacional adaptado a nuestra realidad, en este caso, cuenta con un factor decisivo a su favor, tal como lo será la necesaria “voluntad política” que le habrá de imprimir Abinader como abanderado del “cambio” que requiere la modernización y desarrollo de nuestra sociedad.  

¡Qué se defina y se ejecute un real plan de seguridad ciudadana!
 
   

 

 

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