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Redacción

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Buenas señales


  • 27.08.2020 - 12:00 am

En su primera semana de gestión el Gobierno que encabeza Luis Abinader ha puesto en evidencia su presteza para enfrentar las responsabilidades que implica la misión por cumplir, en el marco de una         institucionalidad democrática, guiada con un nuevo espíritu y una nueva mística cargada de sentido ético y de deseos de eficiencia. 

La tormenta “Laura” ha sido la primera urgencia que desafía su gestión, exhibiendo una rápida intervención para definir un operativo que se habrá de manejar con el buen sentido de oportunidad y de integralidad para dar soluciones más efectivas, al tiempo de iniciar las labores de mitigación inmediata. También la ocasión fue propicia para que el nuevo gobierno mostrara su rostro sensible frente al dolor humano de la pobreza. 

La primera semana ha sido suficiente para mostrar también la presteza para que el gobierno presentara ante su pueblo, el plan preparado y presentado frente a la pandemia del Covid, que abate a esta nación como a gran parte de las naciones del mundo. De igual forma formuló y presentó el plan para el inicio del año escolar, un gran desafío, al tiempo de hacer lo mismo con la necesidad urgente que tiene el país para reactivar el turismo, principal renglón de la economía generador de empleos y divisas.

La primera semana de gestión también ha sido tiempo suficiente para que el nuevo gobierno pusiera de manifiesto su compromiso de impulsar una administración pública con racionalidad, racionalizando el gasto y reduciendo la dilapidación de los recursos públicos, al disponer la “poda” en el personal supernumerario que había cargado la nómina pública como nunca antes por efecto del clientelismo y el afán del continuismo. El gasto público parece que esta vez se ejecutará con calidad y racionalidad.

Un gesto simbólico, civilista y democrático, fue el dado por el propio mandatario al sugerir o prohibir que en las oficinas públicas se colocara la fotografía del Pre­sidente, dando un mensaje de su apego al comportamiento institucionalista y de estadista, como queriendo decir que el culto a la personalidad, un rasgo asociado a la dominación personal y caudi­llista, esta vez podrá ser superado en República Dominicana.

Luego de esas rápidas intervenciones operativas y simbólicas, está por ver el modelo operativo para que esos planes y medidas urgentes se lleven al plano de las realizaciones y en qué medida responderán con efectividad y eficiencia, manteniendo la mística de la licitud y de la ética para el buen uso de los recursos públicos. 

El Presidente se ha “parado bien en el home, veremos cómo batea”, respetando las reglas del juego, es decir, respetando la institucionalidad democrática que ha de salir fortalecida, si se cumple con la doble promesa de promover el desarrollo y la democracia de forma simultánea.

El florecimiento de la cultura política democrática tiene con el nuevo gobierno una gran oportunidad para que prevalezca por sobre la vieja tradición caudillista y oligárquica, de modo que comiencen a extinguirse los vicios tradicionales de la corrupción, los privilegios y de la impunidad.

¡Démosles, pues, una dispensa al nuevo gobierno en su primera semana!  


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